El último tema de la parashá de esta semana es eglá arufá, la ternera que se faena. Si encuentran una persona asesinada fuera de los límites de la ciudad, el Sanedrín debe enviar jueces al área para medir qué ciudad es la más cercana al lugar donde se lo encontró. Los ancianos de esa ciudad deben llevar una ternera, quebrar su cuello en el lugar prescripto y luego decir (Devarim 21:7): "Iadeinu lo shafjú et hadam hazé veeineinu lo raú (nuestras manos no derramaron esta sangre y nuestros ojos no vieron).

Ellos deben proclamar no sólo que no mataron a la víctima, sino que tampoco fueron testigos de su asesinato. Rashi señala que es ridículo sospechar que los ancianos de la ciudad (que son sus jueces) puedan haber asesinado a esa persona. Nuestros Sabios explican que el versículo implica que ellos no lo vieron salir sin alimento ni escolta. Por lo tanto la frase "nuestros ojos no vieron" en realidad viene a explicar que "nuestras manos no derramaron su sangre", es decir, no supimos que necesitaba alimento y acompañamiento, por lo que no somos responsables de su asesinato.

La enseñanza es obvia: si hubieran sabido que necesitaba alimento y acompañamiento y no se lo hubiesen provisto, habrían sido considerados responsables por su asesinato.

Un viajero que transita por una ciudad desconocida necesita tanto ayuda monetaria como que lo guíen para viajar por la ruta más segura. Esta sección de eglá arufá nos enseña el grado en que Hashem nos considera responsables los unos por los otros. Si no ayudamos a nuestro hermano judío, somos responsables por el resultado de no haberlo hecho, aunque sea indirectamente. Si por no proveerle alimento y acompañamiento para su viaje estuvo hambriento y cansado en un lugar peligroso y terminó siendo asesinado, ¡es como si los Sabios mismos lo hubieran matado!

Por lo tanto, la declaración de los ancianos de haber ignorado las necesidades de la víctima es la forma en que proclaman su inocencia.

Si es así, ¿por qué el versículo siguiente dice: "expía por Tu nación Israel"? Si no supieron que necesitaba alimento y acompañamiento se los considera completamente inocentes. Entonces, ¿por qué necesitan capará, expiación?

La respuesta es que a pesar de que la población de la ciudad no se considera responsable de haber derramado sangre por no haber sabido que el difunto necesitaba ayuda, haber ignorado esa necesidad es, en sí mismo, un error que necesita corrección y capará.

Si una ciudad no tiene un comité responsable de supervisar la hospitalidad hacia sus visitantes, es muy probable que la persona que necesita algo no sepa hacia dónde dirigirse, o que se sienta demasiado avergonzada para pedir ayuda. Ella tratará de arreglárselas por sí misma antes que ponerse en una situación de vulnerabilidad y enfrentar el posible rechazo de los demás. De hecho, la persona en estado de necesidad se encuentra en una posición muy precaria.

Muchas personas necesitan ayuda, pero simplemente les da demasiada vergüenza pedir ayuda.

El hombre asesinado necesitaba ayuda y la ciudad en la que se encontraba tenía la obligación de ayudarlo. Como sus habitantes no se enteraron de la necesidad, no cumplieron con su obligación. Ellos son parcialmente responsables de la omisión, porque si hubieran tenido una mayor orientación hacia el jésed, habrían creado un sistema que asegurara que todas las personas necesitadas recibieran ayuda.

Hay un versículo en Mija(1) que nos alienta a ahavat jésed, a amar la bondad. El Jafetz Jaim señala que esto nos exige no sólo realizar actos de jésed, sino también a amar hacer jésed.

Una de las diferencias más grandes entre quien realiza actos de jésed y quien ama la bondad es lo que acabamos de explicar. Quien simplemente hace jésed no se esforzará para encontrar a los necesitados, sino que esperará que la necesidad se presente ante él y entonces por supuesto cumplirá con su obligación. Sin embargo, quien ama la bondad no esperará que se le presente la oportunidad para hacer bondad, sino que su amor al jésed lo vuelve sensible al hecho de que siempre hay personas necesitadas. Esta sensibilidad lo lleva a entender que es necesario realizar un esfuerzo extra para encontrar a los necesitados y ayudarlos.

Muchas, muchas personas necesitan nuestra bondad.

Una madre que acaba de dar a luz puede necesitar desesperadamente que la ayuden con las tareas de la casa, apoyo emocional y/o guía práctica. Quien acaba de mudarse a un nuevo barrio puede beneficiarse de un "tour" para saber dónde están los supermercados, los bancos, las escuelas, etc. Sobre todo, el recién llegado necesita amigos, ¡una bondad inmensa que muchas veces puede pasar desapercibida! Una persona enferma puede necesitar que la visiten para ver cómo está, que la alienten y la alegren. Las personas mayores muchas veces necesitan ayuda, así como compañía. Las familias con niños que tienen necesidades especiales u otras situaciones difíciles a menudo necesitan ayuda y aliento. Y, ya que estamos, las personas normales y saludables también necesitan una sonrisa o una palabra amable para llenarse de vitalidad y alegría. La lista es infinita. Hay tantas oportunidades para realizar jésed y tantas personas que realmente necesitan ayuda, ya sea física, financiera, emocional o de otra clase.

La Torá nos enseña que somos la nación sagrada de Hashem, que debemos ser sensibles y amar hacer bondad. De hecho, nuestros Sabios señalan que el pueblo judío se caracteriza por ser baishanim, rajmanim y gomlei jasadim, es decir, vergonzosos, misericordiosos y bondadosos. Es decir que estar siempre atento a las necesidades de los demás, amar hacer jésed y buscar constantemente las innumerables oportunidades para brindar la ayuda necesaria es el sello del judío.

La pregunta que cada individuo y cada comunidad debe hacerse es: ¿Contamos con todos los sistemas organizados para asegurar que nadie que tenga una necesidad pase desapercibido? ¿Funcionan todos los sistemas como corresponde? ¡Asegúrate de tratar el tema en tu próxima reunión comunitaria!


NOTAS

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