En esta parashá entra en escena el tercero y último de los patriarcas. Iaakov nace con Esav, su hermano gemelo, y de inmediato aprendemos cuál era su carácter: Iaakov era tam, moraba en tiendas (Génesis 25:27).

A falta de una mejor alternativa, por lo general la palabra tam se traduce como simple. Pero, lamentablemente, a menudo las traducciones son incapaces de transmitir el verdadero significado de la palabra. Rashi explica que tam describe a una persona honesta, franca, que no tiene habilidad para los engaños. Es un énfasis en la rectitud y la honestidad del carácter de la persona. De hecho, el rasgo central de Iaakov es emet, verdad.

Con esto en mente, es imposible no sorprenderse por un comentario de Rashi en la parashá de la próxima semana. La Torá dice: "Iaakov le dijo a Rajel que es el hermano de su padre e hijo de Rivka" (29:12). Para explicar la frase “el hermano de su padre”, Rashi cita la interpretación de los Sabios respecto a que lo que Iaakov le dijo a Rajel fue: "Él (Laván) viene para engañar, por lo tanto yo también soy “su hermano” en engaño; pero si él es un hombre recto, entonces yo también soy el hijo de Rivka, su hermana, que es recta".

El rey David expresó esta idea de la siguiente manera: "Con [un hombre] pío actúa con piedad y con [un hombre] íntegro actúa con integridad. Con [un hombre] limpio actúa con limpieza y con [un hombre] deshonesto actúa con deshonestidad" (Samuel II, 22:26-27).

Hay momentos en que debemos actuar con deshonestidad para protegernos (o proteger a los demás) de una persona deshonesta.

Sin embargo, antes Rashi dijo que Iaakov no era hábil en el arte de engañar. Entonces, ¿cómo se puede aplicar a él esta idea?

En la introducción de Orjot Tzadikim, el autor nos enseña que las cualidades personales son como los ingredientes de una receta. El secreto de un chef gourmet es su pericia para saber cuándo y en qué proporción usar los diferentes ingredientes. Lo mismo ocurre con las cualidades personales. Cada situación que enfrentamos en la vida cuenta con una receta única para el éxito. En ocasiones la situación requiere calma y mucha paciencia, otras veces hace falta muchas agallas. Hay situaciones en las que se debe ser suave y medido y otras que requieren una demostración externa de enojo. Dependiendo de la situación, uno debe decidir qué “ingredientes” usar y cuánto de cada uno (es decir, en qué medida).

La grandeza de Iaakov Avinu es que su esencia era la pureza, la completitud y la honestidad. Sin embargo, su carácter no lo controlaba sino que él controlaba a su carácter. Su intelecto siempre llevaba las riendas, dirigiendo el comportamiento apropiado para cada situación. Al confrontar una situación que requería un modo específico de conducta, actuaba de esa forma, incluso si para eso debía superar su naturaleza y su carácter esencial.

Esta es una lección clave para tener una vida exitosa. Por ejemplo, quien tiene un carácter dócil y sumiso, no puede permitir que eso se convierta en una excusa para fracasar cuando hace falta fortaleza. Asimismo, una persona extrovertida, no puede permitir que eso sea una excusa para ofender a personas más tímidas y reservadas. Esta idea abarca toda la vida de la persona, como dijo el Rey Salomón en Proverbios: "Instruye al sabio y será [aún] más sabio, enséñale al recto y aumentará en enseñanzas" (Proverbios 9:9).

Por supuesto, cada uno recibe ciertas características y fortalezas para cumplir cierto rol diseñado específicamente para esa naturaleza, y debemos utilizar nuestro carácter natural para servir a Hashem. Sin embargo, también tenemos defectos, y parte de nuestra tarea en la vida es corregirlos. De la misma forma, en ocasiones enfrentamos situaciones que requieren que dejemos de lado nuestro carácter natural, y eso es lo que debemos hacer en esas situaciones para servir a Hashem adecuadamente.

Tenemos que trabajar constantemente para refinar nuestro carácter con rasgos buenos y puros, al punto en que se conviertan en nuestra propia naturaleza. Al mismo tiempo debemos mantener al intelecto al mando para estar preparados para utilizar cualquier rasgo personal, incluso uno que en esencia tiende a ser malo (como el enojo), si es necesario en una situación determinada. Lograr eso es convertirse en un verdadero guerrero.

Como dice en Proverbios 16:32: "Quien es paciente es mejor que un poderoso guerrero, y la persona que gobierna sobre su espíritu es más grandiosa y poderosa que el que puede conquistar ciudades".