Mira, he puesto hoy delante de ti la vida y lo bueno y la muerte y lo malo. Lo que te encomiendo hoy es amar a Hashem, tu Dios, andar en Sus caminos y cuidar Sus preceptos, Sus estatutos y Sus leyes, para que vivas, te multipliques… Pero si tu corazón se desvía y no escuchas… ciertamente perecerás… Pongo hoy como testigos ante ustedes al cielo y a la tierra: he puesto delante de ti la vida y la muerte, la bendición y la maldición, y escogerás la vida para que vivas tú y tu descendencia (Devarim 30:15-19).

Rabeinu Iona cuenta este mandato como una mitzvá positiva de elegir lo que es bueno, y lo califica como uno de los niveles más elevados de logro y distinción humana. (1)

A primera vista, esta declaración de Rabeinu Iona no se entiende.

Dios nos ordena no hacer ciertas cosas y hacer otras y nos promete una recompensa si cumplimos con Su voluntad o un castigo si no lo hacemos, que Dios no lo permita. Es obvio que esto (tal como escribe el Rambam en Hiljot Teshuvá 5:4) asume que tenemos libre albedrío para decidir si obedecemos o no a Dios.

Entonces, ¿cómo se puede considerar que "escoger la vida" sea una mitzvá independiente y separada? ¿Acaso "escoger la vida" no es sólo una forma de motivarnos y alentarnos a cumplir todo lo que la Torá ya nos ordenó hacer? Con certeza, si no fuese por la declaración de Rabeinu Iona, hubiéramos entendido este pasaje como un mensaje moral general y no como una mitzvá por sí misma.

Todavía más, ¿cómo podemos entender que el libre albedrío es un nivel espiritual elevado? ¿Acaso el libre albedrío no es simplemente una realidad de nuestra existencia? Hashem nos creó con libre albedrío para que de nosotros dependa elegir si cumplimos o no con Su voluntad y que de esta forma podamos recibir en el futuro nuestra recompensa (o lo contrario, que Dios no lo permita). Entonces, ¿cómo es posible que algo inherente a nuestra existencia deba ser entendido como un nivel sublime?

Rabeinu Iona dice claramente que "escogerás la vida" es una mitzvá, la mitzvá de ser una persona que elige, un hombre (o una mujer) con voluntad. ¿Cómo podemos entenderlo?

Lo primero que necesitamos considerar al estudiar este tema es que el factor definitivo del ser humano, lo que lo hace único y diferente del resto de la creación, es su capacidad de libre albedrío. Esta capacidad es la que da significado a sus actos, le otorga responsabilidad y permite que se le ordene hacer lo correcto y mantenerse alejado del mal. De esta manera puede tener el mérito de recibir la recompensa eterna en el Olam Habá.

Por lo tanto, es crucial entender precisamente cómo se manifiesta esta cualidad singular y única entre todas las criaturas del universo.

Cuando una vaca camina por un prado para comer, puede ser que decida dónde la hierba se ve más deliciosa, dónde hay más sombra, etc. Los animales más inteligentes del mundo parecen tener cierta capacidad de decisión. También los humanos pueden dedicarse a esta clase de "toma de decisiones". Por ejemplo, ¿cuántas veces agonizamos pensando qué vamos a comer en el almuerzo o en la cena? La verdad es que no hay ninguna diferencia sustancial entre esta clase de toma de decisión y la que tiene lugar cuando contemplamos a dónde pasar las próximas vacaciones, qué auto comprar, etc.

Obviamente, esta clase de toma de decisiones no es la que caracteriza el poder de elección y la singularidad del ser humano.

Debe ser, tal como lo declara explícitamente el versículo, que lo que define la verdadera fuerza humana del libre albedrío es la elección entre el bien y el mal.

Esto no puede ser una mera coincidencia. Es necesario que exista una diferencia real y sustancial que diferencie entre la toma de decisiones que existe en los animales y la toma de decisiones que sólo tiene el hombre.

La primera diferencia, como explicó Rav Iaakov Weinberg, es que la primera forma no es significativa mientras que la segunda sí lo es. La primera se relaciona con los placeres efímeros, que no tienen un significado duradero, mientras que la segunda tiene un significado infinito y se relaciona con el cumplimiento del propósito de toda la creación.

Sin embargo, sólo es razonable que además de la importancia relativa del tema particular de la decisión, también haya una diferencia muy real en la esencia del acto de toma de decisión. En otras palabras, la facultad empleada en el proceso de toma de decisión entre el bien y el mal no es la misma que se emplea al tomar decisiones instintivas respecto a qué es “lo más fácil/lo más placentero".

No es mera coincidencia que el resto de las creaciones no tengan la oportunidad de escoger entre el bien y el mal y que sólo el ser humano pueda hacerlo. El poder de elección es una facultad exclusivamente humana.

Esta singularidad se entiende de la siguiente manera. Todas las "decisiones" de los animales son puramente instintivas, responden a directivas pre-programadas respecto a cómo proceder y cómo reaccionar ante determinadas situaciones. Una vaca se ve atraída hacia el área en donde la hierba se ve más apetitosa debido a su instinto de satisfacer su hambre de la forma más placentera posible. Un venado huye de inmediato ante el menor indicio de peligro como resultado de su instinto para evitar que lo mate un predador. Lo mismo sucede con el resto de las criaturas. Otros animales pueden tener que decidir entre "pelear o huir", pero deciden exclusivamente en base a su instinto innato de supervivencia y, por lo tanto, no se trata de un acto de libre elección.

Ninguna de las decisiones de los animales son actos conscientes de voluntad, sino que se trata de un acto de sumisión a las directivas de sus instintos innatos.

Sin embargo, con el ser humano es completamente diferente. El ser humano posee esa capacidad única de ejercer su fuerza de voluntad. Con el objetivo de hacer lo correcto y bueno la persona tiene la capacidad de sopesar valores relativos, evaluar las implicancias morales de una situación, decidir el mejor curso de acción y superar el impulso natural de continuar por el camino que ofrece la menor resistencia.

Por lo tanto, poder elegir significa estar en control de uno mismo en vez de seguir ciegamente los deseos naturales y los instintos básicos, no limitarse a fluir y hacer lo más fácil o placentero. Tener libre albedrío implica no permitirse reaccionar con las respuestas automáticas generadas por las características innatas de la personalidad. Se trata de ejercer nuestra fuerza de voluntad y evaluar con madurez cada situación de manera consciente, con equilibrio y entendimiento, para decidir lo que es correcto y actuar en consecuencia. No porque eso sea lo más fácil, ni porque nos hará sentir mejor en ese mismo momento, sino porque es lo correcto y verdadero (2). Cuando es necesario, la persona que utiliza su libre albedrío superará sus deseos, impulsos y rasgos de carácter para actuar en base a las directivas de su intelecto.

Es posible que una persona no transgreda ninguna mitzvá pero que de todos modos no tome elecciones. Pensemos, por ejemplo, en alguien que creció en un medio puro de temor a Dios, donde desde su nacimiento lo entrenaron para respetar la Torá por completo. Es muy posible que la forma en que funcione ese individuo sea seguir siempre el camino que le presente menor resistencia. En esta situación, la persona funciona sin elegir nunca, lo que puede llevar a que no transgreda ninguna mitzvá, por lo menos durante una parte significativa de su vida.

Incluso personas que viven en entornos menos puros (entornos que generalmente exigen el uso de su libre albedrío para no transgredir las mitzvot de Hashem), tienen innumerables oportunidades que teóricamente permiten que se adormezca su esfuerzo consciente de ejercer el libre albedrío, permitiendo que funcionen de acuerdo con lo que es “más fácil y placentero", sin que eso los lleve a transgredir ninguna mitzvá. Algunos ejemplos de esto incluyen la elección de la clase de trabajo a realizar, el barrio en el que se va a vivir y el auto que va a manejar. Estas son algunas de las decisiones que una persona puede tomar de forma automática sin que necesariamente la lleven a transgredir alguna mitzvá, o puede tomarlas ejerciendo su libre albedrío en base a los valores y con una dirección positiva influenciada por cualidades personales positivas. (3)

Incluso en el ámbito de las mitzvot "de libro de texto" hay mucho lugar para activar o no nuestra facultad de elección. En qué sinagoga rezamos, cuánto tiempo dedicamos a nuestros rezos y bendiciones, cómo los decimos, el enfoque específico que tenemos respecto al estudio de la Torá, cómo nos ponemos los tefilín, cómo cocinamos y comemos las comidas de Shabat y de Iom Tov... En esencia, cada mitzvá que hacemos puede cumplirse en “piloto automático”, siguiendo la corriente y yendo por el camino que ofrece menor resistencia, o de forma consciente, con la evaluación y deliberación que caracterizan a la persona que utiliza su libre albedrío.

La mitzvá de "escoger la vida" nos alienta a ejercer esta facultad de libre albedrío, a tomar las riendas de la vida y controlarnos a nosotros mismos. Nos alienta a vivir de forma consciente, a que las decisiones racionales entre el bien y el mal, entre lo correcto y lo incorrecto, lo mejor o lo peor, lo bueno y lo todavía mejor aún (e incluso entre lo malo y lo no tan malo) caracterizan nuestra forma de vida. La mitzvá de "escoger la vida" nos alienta a no vivir en piloto automático siguiendo el camino de la menor resistencia, de la facilidad y de la búsqueda de placer.

De hecho, el nivel de tomar elecciones de libre albedrío es uno de los niveles más elevados al que puede aspirar un ser humano (4).

“Escogerás la vida para que vivas, tú y tu descendencia”.


NOTAS

1. Ver en Shaarei Teshuvá, Sháar 3, Ot 17: "Y sabe que los rasgos más elevados fueron dados en un mandamiento positivo, como el mandamiento de libre albedrío, como dice: ‘Escogerás la vida…’”

2. Es importante señalar que a veces hacer lo correcto también es lo más fácil, deseable o placentero. Para el báal bejirá, ese aspecto de la decisión no es el más importante. En cambio, el factor principal es hacer lo correcto. El hecho de que cierto curso de acción sea más difícil o naturalmente menos deseable no implica automáticamente que sea lo correcto. Asimismo, al enfrentar una decisión en la que una opción es claramente más deseable y/o conveniente que la otra, es importante esforzarse para ir más allá de nuestras tendencias automáticas para ser capaces de tomar la decisión correcta de manera objetiva.

3. Por ejemplo, uno puede decidir a qué clase de trabajo dedicarse basándose exclusivamente en consideraciones egoístas o económicas, o considerar seriamente un trabajo que le permitirá beneficiar a otras personas, pasar más tiempo con su familia, etc. En el primer caso, la persona no actúa como báal bejirá, mientras que en el segundo puede hacerlo.

4. Es importante notar que una madregá implica, por definición, que no se puede llegar de un salto y convertirse inmediatamente en un prototipo de báal bejirá. Se trata de un proceso que, al igual que cualquier otra madregá, debe enfrentarse paso a paso con madurez y consciencia. Por lo tanto, dependiendo de la etapa del proceso en que uno esté, de vez en cuando será necesario relajarse y dejar descansar al "músculo" de la bejirá. Quienes están más cerca del comienzo del camino incluso pueden necesitar descansar del "ejercicio" durante la mayoría del tiempo (por supuesto, asumiendo que eso no los llevará a transgredir ninguna halajá). Lo fundamental es comportarse de una forma razonable que no lleve a que uno se derrumbe por efectuar un esfuerzo superior a su capacidad actual.