Moshé reunió a toda la congregación de Israel y les dijo: "Estas son las cosas que Hashem ordenó hacer. Seis días harás melajá (trabajo), y el séptimo día será sagrado para ustedes, un descanso para Hashem..." (Shemot 35:1-2).

Rashi explica que estos versículos que tratan sobre la directiva de observar Shabat preceden a la parashá que trata sobre el Mishkán, para indicarnos que el trabajo del Mishkán no sobresee las prohibiciones de Shabat.

Para entender qué significa esto, analicemos el siguiente Midrash:

Adam Harishón se encontró con Caín después de que Hashem lo había juzgado (a Caín) por haber asesinado a su hermano Abel. Adam le dijo a Caín: "¿Qué ocurrió con tu juicio?". Caín respondió: "Me arrepentí y llegué a un acuerdo". Adam Harishón comenzó a darle palmadas en el rostro (sorprendido). Dijo: "¡Tan grande es el poder de la teshuvá y yo no lo sabía!". De inmediato, Adam se paró y dijo "Mizmor shir leyom haShabat… Un cántico para el día de Shabat…" (Bereshit Rabá 22:13).

¿Por qué la nueva valoración del poder de la teshuvá (arrepentimiento) inspiró a Adam a componer una canción alabando el día de Shabat?

Un principio muy conocido es que el primer paso del proceso de teshuvá es hakarat hajet, el 'reconocimiento del pecado' que se cometió. Si una persona no reconoce que se cometió un pecado, no existe posibilidad de que se arrepienta de la acción. El primer paso obligado es, entonces, reconocer la dura verdad y admitir que hicimos algo mal.

Sin embargo, si una persona está siempre ocupada y preocupada hasta el punto en que nunca se toma un respiro para analizarse a sí misma, la probabilidad de que tome conciencia de sus errores es muy baja, o incluso nula.

Shabat es el día en el que ponemos freno a la "carrera" de la vida. Los seis días laborales de la semana, por su naturaleza, tienden a generar acciones constantes, persecución de logros y un estado mental de preocupación. Shabat es el día que dice "¡Detente! Respira profundo y renueva tu entendimiento sobre la vida, el trabajo y el objetivo de la existencia". Es el día que sirve para recordarnos que en la vida no sólo hay que "hacer", sino que también hay que "ser": ser una persona significativa y con un propósito. Shabat renueva nuestra profunda valoración de la belleza y la kedushá (santidad) de la vida. Es el día que nos dice que hagamos una pausa y reflexionemos para recuperar y revitalizar nuestra sensibilidad a la kedushá, al propósito y al sentido, en todo lo que hacemos.

Y, por supuesto, apenas una persona comienza a reflexionar y contemplar estas cosas, pasa automáticamente a hacer introspección, a analizar si todo lo que hace en la vida está realmente en armonía con la belleza y la kedushá de la vida.

Y esa es la clave para la teshuvá.

Shabat, entonces, es el vehiculo con el que adquirimos la característica básica necesaria para el proceso de teshuvá: reflexión e introspección.

Con esto en mente, ahora podemos comprender la idea con la que comenzamos, que el trabajo del Mishkán no sobresee Shabat.

El punto es que incluso nuestras acciones buenas y espirituales pueden distraernos.

Incluso cuando estamos en el camino de la Torá y las mitzvot, de la verdad y la bondad, debemos destinar un tiempo a reflexionar y hacer introspección.

Quizás la razón principal de este punto sea que debemos evitar la peligrosa amenaza de la rutina. Es cierto, estamos haciendo una mitzvá, pero si no nos tomamos el tiempo para refrescar nuestra conciencia y apreciación de la profunda belleza de la kedushá que acompaña cada una de nuestras acciones, nuestra vida puede volverse una sucesión de actos mecánicos y desapasionados. Nuestras mitzvot, que deben ser una forma de servir a Hashem, pueden convertirse en una ocupación casual, cuyo objetivo es mantenernos ocupados y productivos. Nos arriesgamos a perder la profundidad de la pasión y la devoción, a perder el corazón. Shabat nos ayuda a mantener nuestra kedushá, nuestro objetivo y significado, no sólo en lo mundano, en los aspectos físicos y materiales de nuestra rutina diaria, sino hasta en los caminos de bien con los que llenamos nuestra vida.

Nuestra parashá presenta también otra ilustración de la necesidad de reflexionar sobre nuestras mitzvot.

El pueblo judío donó generosamente para la construcción del Mishkán. Los nesiim, como grupo, donaron las piedras preciosas para la vestimenta del Kohén Gadol. Curiosamente, en esta situación, la palabra hebrea 'príncipe', nesiim, se escribe con dos yuds. Rashi explica que esto indica que los nesiim fueron lentos para contribuir al Mishkán. Pensaron que permitirían que el pueblo contribuyera en lo que pudiera y, luego, ellos aportarían lo que faltara (Shemot 35:27). Sin embargo, al final, el pueblo judío contribuyó con tanta generosidad que lo único que faltó donar fueron las piedras preciosas.

A primera vista, los nesiim parecen haber tenido buenas intenciones. Entonces, ¿por qué se los critica ante lo que parece ser un error de juicio?

Quizás la crítica sea simplemente una consecuencia de lo que se espera de los grandes tzadikim. Para personas de su estatura, demorarse con una mitzvá en un proyecto de este tamaño es inapropiado. En consecuencia, se los considera responsables por su error en el juicio. Quizás haya habido también algo de ostentación (1), porque pensaron que donarían con gran generosidad todo lo que el pueblo no trajera. Quizás hubo alguna otra razón.

De todos modos, más allá de la razón que haya habido, una cosa es sumamente clara: si bien los nesiim quisieron hacer una mitzvá, su curso de acción tuvo una falla. Ya sea una falla en el juicio, una pequeña falla en la intención, o en otra cosa, al final de cuentas hubo una falla. Sería provechoso aprender de este relato una enseñanza de gran repercusión: no podemos asumir que, sólo porque hagamos una mitzvá, todo estará bien. Como nos enseña el Ramjal en Mesilat yesharim: incluso nuestras buenas acciones deben ser analizadas cuidadosamente. Al hacerlo, nos permitimos desarraigar todo aspecto negativo que pueda haber en ellas, refinándolas así constantemente tanto en la acción como en la intención.


Notas:

(1) Obviamente, de acuerdo a su elevado nivel.