“Estas son las palabras que dijo Moshé a todo Israel del otro lado del Iardén, frente a Suf, entre Parán y Tofel, y Laván y Jatzerot, y Di Zahav” (Devarim 1:1).

El Targum Ónkelos explica que este versículo se refiere al reproche que Moshé hizo al pueblo judío por los diversos pecados que había cometido durante su travesía por el desierto. De hecho, Rashi cita una declaración de Jazal que dice que algunos de los lugares mencionados en este versículo no se encuentran en todo el Tanaj, sino que son alusiones a los pecados del pueblo judío.

La Torá casi siempre reprende abiertamente al pueblo judío por sus pecados, incluso a sus líderes más ilustres. Los errores se describen con lujo de detalles, sin esconder nada. Entonces, ¿por qué aquí hay cosas "ocultas"? ¿Por qué Moshé reprende al pueblo judío a través de alusiones? La dificultad es todavía mayor si tenemos en cuenta un comentario de Rashi que dice que este reproche fue transmitido ante la presencia de todo el pueblo judío, para que posteriormente nadie pudiera decir: "Si hubiera estado allí, habría podido refutar el reproche". Siendo así, ¿no sería aún más esperable que Moshé los reprendiera abierta y claramente?

En verdad, Rashi ya resolvió este asunto: "Porque son palabras de reproche… por eso cerró el tema y [sólo] lo mencionó con alusiones, por el honor del pueblo judío".

Entonces, ¿qué pasó con el honor del pueblo judío en todas las otras ocasiones donde la Torá lo censuró? ¿Por qué hasta este momento todos los errores fueron mencionados claramente y descriptos explícitamente y con lujo de detalles?

Hay una diferencia fundamental entre las descripciones previas de los pecados del pueblo judío y el reproche que Moshé dio aquí. Cuando la Torá describe algo, es para brindarle al pueblo judío una lección válida para toda la eternidad. Al leer sobre los errores de nuestros ancestros, debemos aprender de ellos para no repetirlos. Por lo tanto, el relato de los pecados del pueblo judío en toda la Torá no se dirige a quienes los cometieron, sino a los judíos de todas las generaciones.

Sin embargo, aquí la Torá describe cómo Moshé habló directamente a las personas que tenía delante de sí en ese momento y les dijo cosas negativas sobre ellas mismas. Vemos que la situación es muy diferente, porque es el relato del reproche personal e íntimo que Moshé transmitió al pueblo.

La naturaleza humana es ponerse a la defensiva cuando nos sentimos denunciados. Tenemos una gran necesidad de sentir que somos buenos. Si alguien busca destacar un aspecto negativo de nuestra personalidad, nuestra reacción natural es sentirnos amenazados. En consecuencia, nos ponemos a la defensiva, nos cerramos y negamos o rechazamos lo que percibimos como un ataque.

En su descripción de la mitzvá del reproche, el Rambam deja muy claro que, al hacerlo, uno debe asegurarse de que la persona criticada entienda que sólo se lo hace por su propio bien y por su bienestar. Al ordenarnos reprochar a nuestro prójimo cuando es necesario, Hashem no nos dio de ninguna manera permiso para descargar nuestra ira o frustración sobre otra persona. Por el contrario, la mitzvá claramente se centra en el bien de la otra persona y se la debe llevar a cabo con un interés genuino por ayudarla a conseguir su lugar en el Mundo Venidero.

En nuestro caso, Moshé hace un reproche íntimo y personal, y lo hace de tal manera que deja claro su interés y su preocupación por el pueblo judío. Moshé les muestra su preocupación por la dignidad de cada uno. Su reproche adopta la forma de alusiones, en lugar de hacerlo abiertamente. Les demuestra que no tiene la intención de “darles su merecido”, de retarlos por todas sus faltas y sus cualidades negativas. Moshé simplemente trata de ayudarlos con enorme afecto, para que aprovechen la vida al máximo, para guiarlos por el camino que permite una mayor cercanía a Dios a través del cumplimiento de Su Torá, y de esta manera ayudarlos a obtener toda su porción en el Mundo Venidero.

Esta lección es particularmente importante durante el período de duelo por la destrucción del Templo, con lo que comenzó el increíblemente largo exilio que aún soportamos.

Jazal nos revelan que la razón principal de la destrucción del Templo fue la trasgresión de sinat jinam, de odio infundado. Por lo tanto, es obvio que una de las formas principales para generar la redención final es corregir este problema.

Una seria dificultad para lograr este objetivo es nuestra asombrosa capacidad de ver los defectos de los demás.

Debemos entender que no hay excusas que nos permitan criticar y difamar a un judío. Sí, cuando vemos que alguien comete un error, bajo ciertas circunstancias tenemos la obligación de llamarle la atención. Pero debemos hacerlo por amor hacia ese individuo. El reproche debe emanar de una preocupación y un interés genuino, del deseo de ayudar a la otra persona a ser mejor y a ganarse su Olam Habá.

Tenemos la obligación de desear honrar a los demás tanto como nos sea posible, y de disimular sus defectos tanto como podamos. Incluso cuando es absolutamente necesario mencionarle a alguien sus defectos, debemos hacerlo con amor y con la máxima sensibilidad.