Dios le ordenó a Abraham abandonar la tierra de sus padres y mudarse a la tierra de Canaán (que más tarde sería Éretz Israel). Allí, Abraham alcanzaría una grandeza inédita y su influencia se esparciría por todo el mundo.

Abraham no viajó solo. Además de su esposa Sará, también lo acompañó su sobrino, Lot. Abraham finalmente llegó a grandes alturas espirituales, pero Lot cayó en un deterioro moral y se ganó mala fama para toda la eternidad.

¿Qué ocurrió?

La siguiente oración (que describe la captura de Lot por los cuatro reyes) nos da el indicio que buscamos: “Y tomaron a Lot y a su patrimonio, hijo del hermano de Abram y partieron y él residía en Sodoma” (14:12).

A primera vista, la redacción es muy extraña. ¿Acaso el patrimonio de Lot también era hijo del hermano de Abraham? ¿El pasuk no debería decir y tomaron a Lot hijo del hermano de Abraham y a su patrimonio”?

La implicancia es ineludible: Lot y su patrimonio eran lo mismo, eran inseparables.

Cuando Hashem le dijo a Abraham que abandone la tierra de sus padres, le estaba diciendo que debía desconectarse por completo de la sociedad que lo rodeaba. Debía alejarse por completo de toda la impureza de la idolatría, del hedonismo y la inmoralidad típica de esa sociedad (por supuesto, Abraham ya había crecido mucho en esos aspectos a pesar de estar allí, pero Hashem le indicó que podía lograr mucho más). No fue simplemente una mudanza geográfica, sino más bien un cambio físico que debía ser acompañado por un profundo cambio espiritual.

Abraham tuvo éxito y, por lo tanto, obtuvo esos grandes logros que se vieron facilitados por el hecho de vivir en otro lugar.

Lot, en cambio, no entendió la idea. Puede que se haya mudado geográficamente, pero en esencia llevó con él toda la carga del hedonismo que le imposibilita a la persona alcanzar grandes alturas espirituales. Esta continua conexión con el materialismo fue lo que lo llevó a su debacle moral. De hecho, eso fue lo que lo motivó a asentarse en la inmoral ciudad de Sodoma.

Como descendientes de Abraham, debemos tomar este mensaje muy en serio, particularmente porque vivimos en una época de terrible hedonismo (llamado en la actualidad “consumismo” para que no suene tan mal). Debemos hacer nuestro mejor esfuerzo para evitar que la búsqueda material se convierta en un objetivo en la vida. Debemos tener constantemente conciencia de que este mundo es simplemente un corredor que lleva al próximo y que, como tal, los asuntos materiales son sólo medios para alcanzar ese objetivo, pero no el objetivo en sí mismo.

Basado en las enseñanzas de Rav Eli Resnick (de Ieshivat Mir).