La Parashá Trumá da comienzo a la serie de parashiot que cuentan el proceso de construcción del Mishkán. Para construir el Tabernáculo se necesitaron muchos materiales, entre ellos materiales valiosos como oro y plata.

Hashem le habló a Moshé, para decir: "Habla a los hijos de Israel y diles que tomen para Mí una trumá, de cada hombre cuyo corazón lo motive tomarán Mi trumá (es decir, las contribuciones). Esta es la trumá que tomarás de ellos… (Éxodo 25:1-3).

Rashi señala las diferentes implicaciones de las diversas frases de los versículos. Tres veces dice que tomen una contribución del pueblo; en dos oportunidades se entiende que esa contribución es obligatoria y en la tercera que la contribución depende de la voluntad de cada persona. Rashi explica que esto indica que hubo tres categorías diferentes de contribución.

Hubo una contribución obligatoria para la plata de los adanim (los pesados zócalos en los que encastraban las placas verticales del Mishkán, que conformaban las paredes); otra contribución también obligatoria para la compra de korbanot y una contribución voluntaria para el resto de los materiales del Mishkán, donde cada persona podía donar de acuerdo con la generosidad de su corazón.

Es muy extraño. ¿Cómo se entiende que Hashem haya hecho que la estructura principal del Mishkán dependiera por completo de la generosidad de cada persona?

Quizás podemos entenderlo con este ejemplo. Si una ieshivá quiere erigir un grandioso edificio, es muy probable que muchas personas ricas se interesen en contribuir. La razón es que ser parte de la creación de un edificio grandioso y majestuoso que a la vez sea una casa de estudio de Torá, es una oferta que muchos entienden y valoran.

Sin embargo, cuando se trata de financiar el mantenimiento del mismo edificio, a menudo es difícil encontrar personas dispuestas a contribuir. La razón es muy simple: que el edificio tenga electricidad y agua no es algo llamativo. Que un conserje lave los pisos todos los días no brinda una sensación inmediata de magnificencia y esplendor. Esos detalles del mantenimiento constante son mucho más sutiles y ocultos, en consecuencia se tiende a descuidarlos.

De la misma forma, es muy posible que muchas personas estén interesadas en dedicar la "sala principal de estudios" o el "lobby de recepción", mientras que muy pocas tengan interés en dedicar el cuarto de electricidad o el depósito de materiales de limpieza. Si bien no cabe duda que estos últimos aspectos de un edificio son vitales, carecen de la pompa exterior que a menudo genera el interés para las grandes donaciones.

Por lo tanto, no era necesario obligar a las contribuciones para la estructura principal del Mishkán, porque la preparación de las hermosas telas, las ropas de los cohanim y los bellos utensilios generaría motivación suficiente para que el pueblo donara con gran generosidad.

Sin embargo, los zócalos de plata estaban ubicados en el suelo del Mishkán y podían resultar poco atractivos para los donantes. En consecuencia era necesario que el pueblo fuera obligado a donar para ellos. Lo mismo ocurre con las ofrendas que se llevaban periódicamente, cuya asiduidad menguaba el entusiasmo generado para sus donaciones. Por lo tanto, para proveer a este aspecto del Mishkán, era necesario que las donaciones fueran obligatorias.

Con respecto a este punto de las ofrendas, descubrimos algo sorprendente.

El pueblo sabía que el objetivo del Mishkán era brindar un lugar para el servicio de adoración a Hashem. Sin duda sabían que, en la práctica, este servicio se realizaba con ofrendas regulares. Es decir que todo el pueblo sabía que las ofrendas eran el propósito central del Mishkán. De todas maneras, algunos individuos no llegarían a sentirse motivados a contribuir apropiadamente para las ofrendas, simplemente por la falta de glamour.

Este es un fenómeno que, como personas maduras y pensantes, debemos analizar. Con certeza, toda persona racional debería analizar en profundidad este intrigante aspecto de la naturaleza humana.

Todos queremos experimentar una vida significativa. Todos queremos sentir que nuestra vida tiene verdadero significado y propósito. Por otro lado, a menudo estamos demasiado ocupados con los aspectos secundarios de la vida. Por ejemplo, a menudo nos preocupa más el aspecto del marco que el cuadro mismo. O el diseño exterior del auto más que la cantidad de combustible que usa o su seguridad. Otras veces estamos tan distraídos buscando la foto perfecta que no vivimos el momento ni disfrutamos la experiencia.

Esto indica que para descubrir los aspectos realmente importantes de lo que encontramos y enfrentamos en la vida, debemos realizar un esfuerzo conciente y racional para superar nuestra tendencia a darle una importancia desproporcionada a las apariencias exteriores y, en cambio, concentrarnos en el valor interno del tema en cuestión.

Hacerlo nos brindará la invaluable capacidad de evaluar debidamente cada asunto y cada situación; poder adquirir la claridad para estimar el valor objetivo y relativo de cada cosa y priorizar las diferentes consideraciones. Con seguridad y con la ayuda de Hashem, este enfoque será una inmensa ayuda para que alcancemos el propósito y el sentido que tanto deseamos tener en la vida.