Uno de los eventos centrales de la parashá es el intento de rebelión de Kóraj y sus seguidores contra Moshé y Aharón. Kóraj argumentó que Moshé y Aharón se apoderaron deliberadamente de todos los puestos que otorgaban gloria y honor, y demandó “indignado” que se respetara el “honor” de todo el pueblo judío deteniendo esa “violación” (1).

Rashi explica que había un puesto de honor que Kóraj deseó y que recibió otra persona. Sus celos lo llevaron a dirigir la rebelión. Como era de esperar, la rebelión de Kóraj terminó cuando él y sus seguidores fueron terriblemente castigados mediante milagros especiales que hizo Dios (2) para probar que Moshé era el único que hacía precisamente lo que le habían ordenado hacer. (3)

Rashi explica que lo que fortaleció emocionalmente a Kóraj en su intento, que de otra forma hubiera sido considerado una locura absoluta, fue haber visto por inspiración Divina que de él descenderían personas grandiosas. Kóraj pensó: "¿Cómo es posible que pueda ser el antecesor de una descendencia tan maravillosa y no vaya a salvarme y a emerger victorioso?" Rashi deja en claro que Kóraj era una persona realmente inteligente, pero de todos modos se embarcó en esta locura debido a su “racionalización”. Por supuesto, como explica Rashi, Kóraj no entendió que sus hijos terminarían haciendo teshuvá y que eso fue lo que dio lugar a que en el futuro él tuviera una descendencia grandiosa.

Parece razonable que para que descendieran de él personas tan grandiosas, y para haber conseguido que lo siguieran tantas personas importantes, (4) Kóraj también debe haber sido grandioso, sólo que arruinó todo debido a su deseo de tener gloria y honor. Esto está en línea con el dicho: “cuanto más grande es, con más fuerza cae”. Nuestros Sabios enseñan: “Todo el que es más grandioso que su prójimo, también su iétzer hará es más grande”. Cuanto más alto es el nivel espiritual que uno alcanza, más grandes son las pruebas de su vida y, en consecuencia, más dura puede ser la caída si no consigue superar esos desafíos.

Posteriormente en la historia judía, encontramos una situación similar. Ierobam ben Navat se separó de Rejabam (que era el hijo y sucesor de Shlomo Hamélej) y se convirtió en el rey de diez shevatim (tribus). Para desalentar a sus seguidores de ir al Beit Hamikdash en las festividades y ofrendar los sacrificios debidos, Ierobam erigió dos lugares de adoración y colocó allí becerros de oro (5). Con esto Ierobam se convirtió para toda la eternidad en el paradigma de joté umajtí (un pecador que causa que otros pequen). (6)

Esto ocurrió a pesar de que Ierobam era uno de los talmidei jajamim más grandes de su época. O, quizás, justamente porque era el más grandioso. Haber sido el más grandioso puede haber contribuido a su caída, porque sus pruebas eran mucho mayores y no logró mantener bajo control el deseo natural de honor.

Ahora que sabemos esto, podemos entender que Moshé Rabeinu, la figura más grande de la historia humana, haya sido el paradigma de la humildad, como declara explícitamente la Torá al decir que Moshé fue la persona más humilde que alguna vez caminó y caminará sobre la faz de la tierra. Si alguien quiere alcanzar la grandeza, debe desarrollar y cultivar la humildad, porque si no lo hace, la misma grandeza que obtenga puede causar la pérdida de todo lo que ha logrado.

El Orjot tzadikim dice que quien logró un gran conocimiento de Torá, pero tiene el defecto de la arrogancia que lo lleva a celebrar su grandeza y enfatizar que es superior a los demás, es como un barril lleno con el vino más fino pero con un agujero pequeño en el fondo. Al final, no le queda nada (7).

Kóraj no fue una aberración. Fue una persona completamente normal; de hecho, un individuo increíblemente grandioso que cayó presa del normal atractivo de la gloria y el honor. Incluso la gente grandiosa e inteligente, o quizás particularmente la gente grandiosa e inteligente, corre el riesgo de caer en las atemorizantes trampas de la locura. La necesidad de honor y reconocimiento puede llevar a una persona a transgredir los mandatos de la moral y la justicia y llevarla a comportarse de una forma extremadamente destructiva, un camino que de lo contrario hubiera sido considerado totalmente absurdo.

Por otro lado, quien sigue el camino de Moshé Rabeinu y cultiva y mantiene un entendimiento saludable de su lugar, sin caer en la trampa de atribuirse a sí mismo una importancia exagerada, demuestra que realmente reconoce que por más cosas buenas que hagamos, todo eso no es nada en comparación a la bondad infinita que Hashem nos brinda (8). Este camino lleva a la persona a florecer y progresar en la dirección recta y lógica de las acciones morales y los emprendimientos justos.


NOTAS

(1) 16:1-3,19.

(2) 16:32-35.

(3) 16:29-30. Por supuesto, debemos entender que la prueba” fue para las emociones del pueblo, ya que a nivel intelectual era completamente ridículo que después de ser testigos de las Diez Plagas, la partición del mar y, por supuesto, la entrega de la Torá, alguien pudiera cuestionar la veracidad de la profecía de Moshé Rabeinu.

(4) 16:2. 5. Para más información sobre este episodio ver el ensayo sobre la parashat Ki Tisá.

(6) Pirkei Avot 5:18.

(7) En la introducción.

(8) Rashi (16:1) enfatiza que Kóraj estaba molesto por no haber recibido la posición que se le otorgó a su primo, Elitzafán ben Uziel, como nasí de los hijos de Kehat. En brusco contraste, Moshé Rabeinu intentó evitar ser elegido como el redentor del pueblo judío, para que su hermano Aharón ocupara ese lugar (Rashi en Shemot 4:10). Esto es un buen barómetro de nuestro tema: si te sientes feliz ante los puestos honorables de los demás, estás en una buena situación. Si por el contrario sientes resentimiento o te sientes amenazado cuando los demás reciben honor, es hora de que hagas una seria introspección y te esfuerces para desarraigar esa midá negativa.