Hace dos semanas, en la parashat Balak, vimos que el pueblo midianita embaucó a los judíos para que se comportaran con inmoralidad sexual e hicieran idolatría (avodá zara). Esto trajo como castigo una catastrófica plaga que mató a 24.000 personas. En la parashá de esta semana, aprendemos sobre la mitzvá de ir a la guerra y la retribución exacta que recibió el pueblo de Midián (Bamidbar 31:1-12).

La Torá declara que quienes fueron elegidos como soldados para luchar en esa batalla eran anashim (Bamidbar 31:3). La traducción literal de anashim es hombres, pero Rashi explica que esta palabra también implica cierta importancia, una alusión a que esos hombres eran tzadikim (rectos) y que por esa razón fueron elegidos para ser los soldados que se vengarían de Midián.

Cuando los soldados volvieron victoriosos, la Torá declara que no tomaron nada del botín de guerra antes de llevarlo ante Moshe y Elazar(1) para que lo distribuyeran (Bamidbar 31:11-12). Rashi señala que esto es una fuente de orgullo para el pueblo judío, porque incluso sus soldados son tan virtuosos que no se apropian de lo que no están seguros que les pertenece.

Este último comentario puede resultar particularmente confuso. ¿Acaso la Torá no acaba de decirnos que el ejército judío estaba formado por tzadikim? Entonces, ¿por qué es una fuente de orgullo que incluso los soldados del pueblo judío fueran tzadikim?

La observación que podemos hacer es que el hecho de que un tzadik conserve su rectitud incluso cuando va a la guerra, es una fuente de orgullo.

Una batalla, particularmente en la antigüedad, es una situación en la que uno debe acentuar y enfatizar su faceta física. En la batalla, la sangre fluye libremente y el objetivo es erradicar al enemigo. Para tener éxito en la guerra, una persona debe recurrir al rasgo de ajzariut (crueldad)(2). Por lo tanto, que alguien conserve un nivel mínimo de moral bajo esas circunstancias no es para nada simple, mucho menos continuar siendo un tzadik.(3) Por eso, cuando los soldados volvieron y mostraron que habían conservado su elevado nivel de rectitud, eso fue una gran fuente de orgullo para el pueblo judío.

La pregunta es: ¿Cómo lo lograron?

Quizás la respuesta se encuentre en la respuesta a otra pregunta.

Cuando Hashem le ordena a Moshé que instruya al pueblo judío vengarse del pueblo midianita, dice: “Cobra venganza por los hijos de Israel de los midianitas” (Bamidbar 31:1). Sin embargo, cuando Moshé le transmite la mitzvá al pueblo, él dice: Preparen de entre ustedes hombres para el ejército; para que estén contra Midián, para infligir la venganza de Hashem sobre Midián” (Bamidbar 31:3).

Hashem enfatiza que la mitzvá de esta guerra de venganza contra Midián es por el honor y el bienestar del pueblo judío, pero Moshé enfatiza que se realiza por kavod Shamáim.

¿Por qué esta discrepancia?

En realidad, la diferencia no existe. El pueblo judío es el pueblo elegido de Hashem, por lo que representa y trae al mundo el kavod Shamáim, el honor de Dios. Por lo tanto, el honor del pueblo judío y el honor de Dios son inseparables. En otras palabras, son dos caras de la misma moneda.(4) Sin embargo, el cambio en el énfasis requiere una explicación.

Nosotros conocemos a la festividad que celebra el éxodo con el nombre de Pésaj. Sin embargo, en la Torá siempre es llamada Jag hamatzot,(5) la festividad de la matzá. Por supuesto, ambas denominaciones son completamente adecuadas. Pero… ¿a qué se debe la diferencia?

Rav Iaakov Weinberg respondió que Hashem en Su Torá siempre se refiere a la festividad como Jag hamatzot porque, desde Su perspectiva, lo importante es que el pueblo judío confió tanto en Él que estuvo dispuesto a seguirlo con celeridad hacia el desierto, por lo que no hubo tiempo para que el pan leudara. Nosotros, por el otro lado, nos enfocamos en lo que Hashem hizo por nosotros, y le llamamos Pésaj. Como es sabido, la palabra Pésaj es una referencia a que Hashem "salteó" nuestros hogares en la plaga de los primogénitos, y nos mantuvo con vida.

Rav Weinberg explicó que este concepto de las diferentes perspectivas es fundamental para entender muchos pasajes del Tanaj.

Los versículos de nuestra parashá ilustran perfectamente este concepto. Desde la perspectiva de Hashem, lo que importa es el bienestar y el honor de Su pueblo. Desde nuestra perspectiva, lo que importa es conservar y restaurar el kavod Shamáim.

Ahora podemos tratar de entender cómo lograron los soldados conservar su nivel de rectitud incluso al experimentar la brutal y sangrienta batalla. Ellos sabían que no iban a la batalla para matar, tenían un objetivo sublime: generar kidush Hashem y restaurar el kavod Shamáim al vengarse de quienes causaron que el pueblo judío cayera en averot tan terribles que provocaron una plaga devastadora. Al entrar en la batalla con esta mentalidad y perspectiva, los soldados judíos mantuvieron sus acciones dentro de ese contexto. Por lo tanto, sus actos en la batalla no fueron la expresión de un impulso a vencer matando y destruyendo, sino de una motivación espiritual para restaurar el kavod Shamáim. Ese es el secreto que les permitió mantenerse a salvo y no hundirse en la brutalidad de la guerra.

En la vida, muchas veces nos proponemos tareas y proyectos que tienen un objetivo elevado, y esa es la razón por la que nos involucramos en ellos. Sin embargo, a menudo nos encontramos tan atrapados en detalles específicos del proyecto que corremos el riesgo de perder de vista su objetivo. Podemos olvidar la razón por la que nos interesó en primer lugar y convertir a las actividades del proyecto en un fin por sí mismas. Cuando eso ocurre, es posible perder la motivación y trabajar en nuestro proyecto sin energía, de forma automática, porque perdimos de vista en gran parte su valor y significado. También es posible, jas veShalom, corrompernos en las cosas que hacemos porque sin darnos cuenta enfocamos nuestras acciones en un marco erróneo. Podemos llegar a descubrir que funcionamos con motivaciones inapropiadas.

Para evitar que esto ocurra, debemos tener bien en claro el objetivo general del proyecto antes de embarcarnos en él.(6) Esto nos asegura tener el marco psicológico correcto para guiar nuestras acciones. Incluso después de haber comenzado el proyecto, de vez en cuando puede ser necesario dar un paso atrás para refrescar y revitalizar nuestra conciencia. Hacerlo nos ayudará a mantener el enfoque en todas las etapas. También puede ser una buena idea tomarse breves descansos del proyecto para recuperar el aliento y permitirles a nuestras mentes y a nuestros corazones recuperar la energía.(7)

Cuando damos los pasos necesarios para enmarcar adecuadamente nuestras acciones tanto antes de embarcarnos en un emprendimiento como durante su ejecución, nos aseguramos de recordar en todo momento quiénes somos y cuáles son nuestros valores y nuestros verdaderos objetivos. Esto nos ayuda a conservar nuestra brújula moral en la dirección correcta y a mantener nuestras acciones libres de impurezas. Y, también, a conservar nuestra sensación de propósito y significado en todo lo que hacemos.


NOTAS

1. Hijo y sucesor de Aharón Hacohen.

2. Ver Rashi en parashat Shoftim 20:3.

3. Ver Rashi en parashat Ki tetzé 21:11.

4. Ver Rashi en parashat Beshalaj 15:7.

5. Escribirlo puede ser una gran ayuda para lograrlo.

6. Para más información sobre esta idea, ver el dvar Torá de parashat Vaiakel.

7. Para más información sobre esta idea, ver el dvar Torá de parashat Vaiakel.