En la parashat Itró recibimos los Diez Mandamientos y, frente a toda la nación, Dios designó a Moshé como Su profeta. En la parashá de esta semana, la Torá comienza a enumerar muchas de las detalladas leyes y mitzvot. La primera mitzvá que aparece es la de éved ivrí el siervo judío que debe cumplir su contrato de esclavitud. El éved ivrí debe trabajar durante seis años y en el séptimo es liberado (Shemot 21:2).

La primera pregunta que podemos hacer es por qué esta es la primera mitzvá mencionada. ¿No tenía más sentido comenzar con las leyes de daños o, quizás, con las referentes a los préstamos de dinero? Además, aquí todo el énfasis gira en torno a la duración de la esclavitud del judío y cuándo es el momento de su liberación, así como lo que se debe hacer si él desea seguir siendo esclavo. Parece que el tema principal es el de su cambio de estatus, es decir su estado de servidumbre versus su liberación. No parece que se le dé importancia a las leyes relacionadas con la esclavitud misma. De hecho, ese tema lo aprendemos en otro lugar (1); pero por alguna razón, aquí no se lo trata.

¿Por qué?

En la Haftará encontramos un relato muy interesante:

La palabra de Hashem que le llegó a Irmiahu después de que el Rey Tzidkiahu hiciera un pacto con todo el pueblo, en Jerusalem, para proclamar una liberación entre ellos. Que toda persona libere a sus esclavos hebreos, tanto hombres como mujeres, y que nadie mantenga esclavizado a su prójimo judío. Todos los generales y el pueblo, que habían entrado al pacto, oyeron y aceptaron liberar a sus esclavos hombres y mujeres y ya no mantenerlos en esclavitud, acataron y los liberaron.

Luego volvieron atrás e hicieron regresar a los esclavos y a las esclavas que habían liberado y los obligaron de nuevo a la esclavitud.

Entonces dijo Hashem, Dios de Israel: "Hice un pacto con sus padres cuando los saqué de la tierra de Egipto, de la casa de la esclavitud, diciendo: 'En el séptimo año debes dejar en libertad a todo prójimo hebreo que se haya vendido a ti; cuando te haya servido durante seis años, debes liberarlo'. Pero sus padres no Me obedecieron ni escucharon. Luego ustedes volvieron e hicieron lo que es recto para Mí, y cada uno de ustedes proclamó una liberación para sus prójimos e hicieron un pacto ante Mí en la Casa que lleva Mi Nombre. Pero ahora dieron la espalda y profanaron Mi Nombre; todos ustedes hicieron regresar a los hombres y a las mujeres que habían dejado en libertad, y los obligaron a ser sus esclavos nuevamente".

Por lo tanto, Hashem dice: "Ustedes no Me obedecieron para proclamar una liberación, cada uno a su hermano, cada uno a su prójimo. Yo proclamo su liberación, declara Hashem, a la espada, a la pestilencia y a la hambruna, y los convertiré en un horror para todos los reinos de la tierra (es decir, esas fuerzas horribles serán liberadas sobre ustedes con plena libertad)… Y a quienes violaron Mi pacto, los entregaré en manos de sus enemigos…" (Irmiahu 34:8-22).

Este pasaje es fascinante.

Al parecer, la mitzvá de liberar al éved ivrí en el séptimo año fue un gran problema para los profetas. Sin embargo, lo que es muy claro, es que esta mitzvá no sólo tiene muchos detalles, sino que posee también una función central en la observancia general de la Torá. Esto se ve en la profecía de Irmiahu, donde Hashem se refiere a esta mitzvá como el pacto que estableció con el pueblo judío el día en que los redimió de su esclavitud, y vemos que la transgresión de esta mitzvá le trajo al pueblo consecuencias realmente espantosas.

¿Por qué se le informó esta mitzvá al pueblo judío el día de su redención?

Quizás para advertirles sobre un defecto humano básico. Una persona que es insultada y degradada probablemente expresará su ira y su dolor haciéndole exactamente lo mismo a otra persona. Un siervo en el sistema feudal sufría muchísimo. Sin embargo, si lograba ascender hasta la cima y alcanzar el estatus de noble, probablemente trataba a los siervos que habían sido sus compañeros en la misma forma que él había sido tratado. (De hecho, en muchos de los levantamientos populares durante la era de la servidumbre, los judíos fueron quienes más sufrieron, a pesar de haber sido antes tan pisoteados como cualquier otro).

Este serio defecto en la naturaleza humana es una espada de doble filo: las personas que son heridas probablemente herirán a otras, y quienes sufren probablemente olvidarán su sufrimiento apenas dejen de tenerlo, lo que les impedirá sentir empatía por quienes siguen sufriendo.

Para tener éxito en el cumplimiento de las obligaciones personales, para realmente ser un mentsch y tratar a los demás con sensibilidad, este defecto debe corregirse. El día que salimos de Egipto, Dios nos advirtió que no olvidáramos el sufrimiento que genera la esclavitud, que tengamos consciencia de que si bien logramos la libertad como pueblo, en el futuro encontraríamos personas que atraviesan dificultades. Debemos recordar lo que se siente al enfrentar el dolor y ser sensibles y tener empatía con quienes sufren.

Cuando el éved ivrí cumple su obligación de trabajar seis años, debemos liberarlo. Tenemos que recordar lo que implica ser esclavo y no retenerlo ni un momento más de lo requerido.

Una idea similar vuelve a aparecer más adelante en la parashá. Se nos advierte no causar dolor a un guer, a un converso, y no abusar económicamente de él (Shemot 22:20). La prohibición de causar dolor y abusarse económicamente de otras personas en realidad es una mitzvá general (2), no limitada a los conversos. Sin embargo, la Torá da una mitzvá especial con respecto al converso porque este es un recién llegado. No conoce a la gente, la Tierra ni el lenguaje. La Torá nos dice: Porque fueron extraños en la tierra de Egipto saben lo que es ser un extraño, sentirse fuera de lugar. Ustedes saben lo difícil que es conseguir aceptación social y seguridad. Tengan cuidado en especial con el converso, porque está en esa misma situación emocional (y a menudo económica) precaria. Haz un esfuerzo extra para lograr que se sienta aceptado y respetado como un miembro más de la nación. Ten sensibilidad y empatía, muestra interés”.

La mayor parte de Mishpatim se dedica a mitzvot entre el hombre y su prójimo, particularmente en referencia a leyes monetarias. La primera mitzvá establece el principio fundamental necesario para el cumplimiento correcto y pleno de esas obligaciones: ser sensible y amable, tener conciencia y empatía. Para relacionarnos apropiadamente con los demás y tratarlos con respeto y dignidad, primero debemos adquirir la cualidad de la sensibilidad.

Probablemente la mayoría de las personas no se alegran si otra persona por descuido rompe un objeto de su propiedad… ¿Por qué no ser cuidadosos también cuando se trata de los objetos de los demás? Por ejemplo, cuando alquilamos un auto, ¿somos tan cuidadosos con él como lo somos con el nuestro?

Nuestros Sabios nos enseñan: "Que el dinero de tu prójimo sea para ti tan valioso como el tuyo" (3). Sabes lo que significa preocuparte por la estabilidad financiera; ¡aplica ese conocimiento a la forma en que te comportas con los demás!

Aprende de tu experiencia, no olvides cómo se siente y refleja esa conciencia en tu trato con los demás. Esta cualidad en particular es necesaria cuando una persona se vuelve rica o poderosa. La Torá nos enseña que debemos cuidarnos de este defecto humano natural. ¡Presta atención! No olvides tratar a los demás con sensibilidad, entiende su lucha, sus necesidades. Sé amable y ten empatía. No sometas a tu prójimo ni siquiera a un momento de servidumbre más allá de lo necesario, porque tú conoces la amargura de la esclavitud. Cuando llegue el momento indicado, libéralo con alegría.


Notas:

(1) Vaikrá 25:39-43.

(2) Vaikrá 25:14, 17.

(3) Pirkei Avot 2:17.