“No tendrás en tu bolso una pesa y otra pesa, grande y pequeña. No tendrás en tu casa una efá (medida) y otra efá, grande y pequeña. Una pesa íntegra y justa tendrás, una efá íntegra tendrás, para que se prolonguen tus días sobre la tierra que Hashem, tu Dios, te entrega. Porque es abominación para Hashem, tu Dios, todo aquel que actúa con iniquidad” (25:13-16).

Esta es la mitzvá de ser honestos con nuestras pesas y medidas, uno de los tantos detalles de nuestra obligación de ser rectos en nuestros tratos comerciales.

Inmediatamente a continuación de esta mitzvá, se nos ordena recordar cómo la nación de Amalek nos atacó descaradamente en el desierto después de que salimos de Egipto. Sobre esta extraña yuxtaposición, Rashi escribe: "Si eres deshonesto con pesos y medidas, preocúpate del ataque del enemigo, como está escrito: La balanza falsa es abominación para Hashem, pero el peso exacto es Su deleite. Cuando viene un [hombre con] intención [de dañar], llega la desgracia, pero la sabiduría se encuentra con los humildes” (Mishlé 11:1-2). La gravedad de engañar con pesos y medidas es tan grande que genera el castigo de ser atacado por el enemigo.

¿Por qué específicamente el ataque de Amalek es apropiado para ilustrar este punto? Más aún, ¿cuál es la conexión lógica con el ataque de un enemigo por haber engañado en los negocios y “la sabiduría se encuentra con los humildes”?

Al describir el ataque de Amalek, el versículo dice: asher karjá badérej, que se encontró contigo en el camino (25:18). Rashi explica que la palabra karjá implica casualidad o coincidencia y también frío (como en la palabra kor). La última explicación implica que Amalek "enfrió" al pueblo judío al atacarlo con descaro.

Después de la partición del Mar de los Juncos, la Torá describe cómo todas las naciones del mundo sentían terror del pueblo judío (porque entendieron que Dios lo había elegido para ser Su pueblo). Todo el mundo temía a la nación judía.(1)

El pueblo judío era intocable.

Era como una bañadera con agua hirviendo a la que todos temían entrar. Eso fue así hasta que una persona descarada se metió a la bañadera. "¿Lo ven? ¡No es tan malo!" A pesar de que él se quemó, logró que todos creyeran que el agua no estaba tan caliente. Eso fue lo que hizo Amalek respecto al pueblo judío: logró que el mundo creyera que Israel no era “tan temible”. Si bien Amalek fue derrotado, consiguió "enfriar" al pueblo judío ante los ojos de las naciones del mundo.

Los dos significados de la palabra karjá se funden entre ellos. Las acciones de Amalek seguían a la declaración: "¿Por qué les temen tanto? ¿Por un par de milagros? ¡Ah! ¡Eso fue sólo una gran coincidencia! Una casualidad, un accidente, ¡eso es todo!" Con esta burla, Amalek logró socavar la imagen elevada que las naciones del mundo tenían del pueblo judío. Sí, Amalek fue derrotado, pero con su actitud de keri, de que todo es casual, enfrió al pueblo judío ante los ojos del mundo.

En esencia, el terrible pecado de Amalek no fue el ataque físico, sino lo que ese ataque expresó. Amalek socavó todo lo que era sagrado, especial y exaltado ante los ojos del mundo. Amalek desafió todo y dijo: "No me molesten con esta idea de Dios y de moral, de lo correcto y lo incorrecto. No me interesan sus pesadas exigencias de ser santos y vivir con un propósito. Para mí, la vida es sólo una gran coincidencia que no tiene ni significado ni propósito. Por lo tanto, lo único que me interesa es disfrutar de tantos placeres hedonistas como pueda durante el tiempo que esté vivo". En otras palabras, Amalek estaba diciendo que no tenía ningún interés en escuchar nada sobre Dios ni sobre las implicancias de reconocer Su existencia.

Engañar con las pesas y las medidas es una averá mediante la que expresamos un absurdo similar. Quien a nivel emocional tiene consciencia de que Dios creó y dirige el mundo, no engañará en los negocios. Él sabe perfectamente que sus ganancias vienen de Hashem, por eso al esforzarse para conseguir su sustento sigue las reglas de Hashem respecto a lo prohibido y lo permitido.

Sin embargo, cuando una persona engaña claramente actúa bajo la impresión equivocada (al menos a nivel emocional) de que son sus esfuerzos los que le permiten ganarse el pan. Si sus ganancias dependen de sus esfuerzos, ¿por qué no engañar? Sin ninguna duda, la persona que cree que sus esfuerzos le generan sus ingresos, engañará. ¿Acaso no es esa una forma rápida y fácil de ganar mucho dinero?

¿No es esta la razón por la que las personas engañan en los negocios?

Podemos aventurarnos a decir que el tema es todavía más profundo. ¿Qué lleva a una persona a cometer este terrible error de creer que su esfuerzo le trae el sustento? Por lo general, quien engaña lo hace debido a su deseo de incrementar su indulgencia en placeres temporarios. Quiere más y más dinero para poder comprar más comida gourmet, una casa más grande, un auto más lujoso, etc. Desea tanto satisfacer sus deseos egoístas que incluso engañará en los negocios para lograr a ese objetivo. Esa persona perdió de vista la esencia de la vida. Olvidó que ganarse el sustento es simplemente una forma de vivir una vida llena de propósito y significado a través del servicio al Creador.

Imagina el siguiente diálogo entre Jaim y Iaakov:

―Iaakov, ¿por qué trabajas tanto en el negocio?
―¡Para ganarme la vida, por supuesto!
―Bueno, ¿para qué debes ganarte la vida?
―Tengo que comer, ¿no?
―¿Para qué tienes que comer?
―¿Qué crees? ¡Tengo que comer para vivir!
―¿Y para qué vives?
―¿Para qué vivo? Deberías ver las fotos de los lugares en los que comí, los lugares que visité y adonde fui de vacaciones. ¡No tienes idea de las experiencias disponibles para quienes pueden pagarlas!
―¿Pero por qué necesitas todo eso? ¿Para qué te tomas vacaciones?
―¿Acaso crees que soy una máquina? ¿Crees que puedo trabajar todos los días del año? Una persona necesita descansar cada tanto para refrescarse y recuperar fuerzas.
―¿Quiere decir que debes trabajar tan duro para hacer mucho dinero para poder salir de vacaciones y renovar energía para continuar trabajando?
―…..

Si no somos cuidadosos, podemos perder de vista el objetivo de nuestra vida. De hecho, ¿para qué vivimos? ¿Acaso el hombre debe trabajar para poder tomarse vacaciones, renovar sus energías para volver a trabajar y luego tomarse otras vacaciones…?

Obviamente, no es eso lo que queremos de la vida.

Baruj Elokeinu shebaranu lijvodó vehivdilanu min hatoim venatán lanu Torat Emet vejaiei olam natá betojeinu” - Bendito nuestro Dios que nos creó para Su gloria y nos separó de quienes se equivocan, nos dio la Torá Verdadera e implantó en nosotros vida eterna.(2)

Hashem nos dio Su sagrada Torá, de la que aprendemos el propósito de la vida (el propósito de la creación) para vivir de acuerdo con él cada momento de nuestra vida. Vivir de acuerdo con la Torá llena nuestra vida de significado eterno, de una kedushá exaltada; nos volvemos seres con sentido y significado. Vivimos una vida de significado, lo hacemos al tener consciencia de ese propósito y al vivir de acuerdo con las mitzvot, las directivas y las instrucciones de la Torá obtenemos una recompensa eterna en el Mundo Venidero.

Tener que ganarse la vida y, por extensión, toda participación en el mundo físico, es un peligro constante y permanente que puede distraernos del objetivo de nuestra vida. Como seres humanos debemos ganarnos el pan, tenemos que pagarle al dentista, ir al supermercado a comprar comida, tenemos citas en el banco, etc. Con toda esta participación en el aspecto temporal de nuestra existencia, ¿cómo podemos protegernos para no sumergirnos en el hedonismo?

“La sabiduría se encuentra con los humildes”.

Quizás esta sea la respuesta a nuestra pregunta. Puede tener una implicancia dual: quien conduzca su vida de manera humilde, tendrá el mérito de conservar su sabiduría y quien se asegure de conservar su sabiduría, tendrá el mérito de ser humilde.

Sí, es maravilloso poder comprar una casa hermosa, ropas bonitas, etc. Sin embargo, no debemos exagerar y permitirnos lujos ostentosos. Sin dudas, cuando alguien exagera en la utilización del mundo físico queda atrapado en él y se aleja de una vida de kedushá, de propósito y de significado.

Con certeza, no hay mejor forma de recordarse a uno mismo el objetivo de la vida que estudiar la Torá, gracias a la que aprendemos y vivimos ese objetivo. Es en la Torá, y sólo en la Torá, donde Hashem nos enseñó el propósito de la creación. De hecho, uno de los aspectos más fundamentales de nuestra mesorá es que estudiar Torá es la mitzvá central alrededor de la que gira toda la vida. Al fijar momentos para el estudio de la Torá, el judío consigue recordar y profundizar constantemente en su mente cuál es el objetivo de su vida.

Incluso más que eso: al estudiar y respetar constantemente la Torá el judío está vivo. Así obtiene el más profundo conocimiento del Creador disponible para la humanidad y se conecta profundamente con la santidad, con el propósito y el significado. Esa conexión se concretiza cuando la manifiesta en su servicio al cumplir lo que la Torá le enseña. Cuando un judío estudia Torá, no sólo cumple una de las mitzvot de Hashem, sino que también se impulsa hacia el cumplimiento de todas las mitzvot de la Torá, y de esta forma toda su vida se llena con el más profundo propósito y significado. Realmente estará viviendo.

“La sabiduría se encuentra con los humildes”.

NOTAS

1. Beshalaj 15:14-16

2. Extraído de Shajarit, cerca del final de Uvá Letzión.