La parashá de esta semana comienza con una interesante secuencia. La primera mitzvá es “kedoshim tihiú ki kadosh aní Hashem Elokeijem”; “serán santos por que Yo, Hashem, su Dios, Soy santo” (Vaikrá 19-2).

¿Qué significa ser santo?

Rashi interpreta que se refiere a la mitzvá de las relaciones prohibidas (con la que terminó la parashá anterior). El Rambán tiene una explicación diferente. Él dice que uno no debe ser un naval bereshut haTorá, un glotón con el “permiso” de la Torá. La Torá permite comer carne y beber vino; teóricamente uno podría pasar sus días y noches gratificándose con grandes cantidades de carne y vino, actuando como un animal salvaje, y podría decir: "No hice nada malo, ¡la comida y la bebida eran 100% kasher!" Para eliminar esta conducta animal permitida”, Hashem nos ordena “serán santos porque Yo Soy santo”.

El denominador común de estas dos explicaciones es el autocontrol.

El ser humano tiene deseos básicos y sensuales muy poderosos que pueden llevarlo a buscar gratificación sin ninguna clase de límite; a ser realmente un animal con forma humana. Se nos ordenó tener disciplina para controlar esos deseos y utilizarlos sólo para objetivos positivos, como por ejemplo disfrutar una comida deliciosa en Shabat para incrementar la alegría que se siente en ese día. En síntesis, debemos mantener la dignidad humana. Debemos controlar nuestros deseos y no permitirles que ellos nos controlen.

La siguiente mitzvá es el mandamiento de temer a la madre y al padre. ¿Cuál es la conexión entre la mitzvá anterior, de kedoshim tihiú, con la mitzvá de temer a los padres?

Nuestros Sabios explican que en esta mitzvá se menciona a la madre antes que al padre “porque el Creador del universo sabe que naturalmente el hombre le teme más a su padre que a su madre. Por esta razón, al ordenarle al hijo que tema a sus padres, se puso en primer lugar a la madre (1).

Una vez más nos encontramos con la orden de gobernar la naturaleza humana. De forma natural, la persona no le temería a su madre tanto como a su padre. Entonces se nos ordena asegurar que el temor a nuestra madre sea completo. No podemos excusarnos y decir: "¡Pero esa es la naturaleza humana!". Tenemos la capacidad de superar nuestra naturaleza y hacer lo correcto, y nos alientan a hacerlo.

Luego sigue la mitzvá de Shabat. Por cierto esta mitzvá nos exige superar una gran cantidad de deseos instintivos. Uno puede sentir un gran deseo de continuar trabajando en Shabat para ganar más dinero. Shabat exige que superemos ese deseo, que recordemos que Hashem creó y dirige el universo, que Él es Quien provee el sustento. Descansa, no trabajes. Ve a la sinagoga, reza, disfruta de una hermosa comida con familia y amigos, habla sobre Torá, canta canciones de Shabat, habla sobre temas significativos… disfruta la alegría espiritual de estar en manos de Hashem (2).

A continuación viene la prohibición de idolatría.

Es bastante difícil relacionarse con un Ser infinito con quien no podemos conectarnos a través de los sentidos. Quien tiene un fuerte deseo de acercarse a Hashem puede tender a buscar imágenes, objetos o íconos para enfocarse en ellos y así relacionarse con Él. La Torá nos enseña que hacer eso es idolatría. Supera tus limitaciones. Conquista tu deseo de entender absolutamente todo. Esfuérzate. Llega al nivel de tener un conocimiento simple y puro de que Hashem es Quien controla todo. Aprende a estar cómodo con la incapacidad de entender a Dios. Simplemente sabe que existe, siéntelo en tu corazón, y relaciónate con Él. Puedes y debes controlarte. Si lo intentas, lo lograrás.

Después sigue la mitzvá de pigul. Las porciones de las ofrendas de paz que se comen, tienen la limitación de dos días y una noche. Cuando las acciones del servicio se realizan sin el animal, quien las hace no debe desviarse de esta intención. Si tiene la intención de comer parte de la ofrenda después del tiempo permitido, la ofrenda se vuelve pigul, completamente inválida.

Sobre esto, el versículo dice: “lirtzonjem tizbajuu” (3). La segunda palabra significa faenarán, mientras que la raíz de la primera significa voluntad o deseo. El sentido simple de esta frase es que uno debe faenar de forma que genere placer en Hashem por realizar el servicio correctamente, sin intenciones que lo invaliden. Quizás, en un nivel más profundo, significa que debes faenar de acuerdo con tu voluntad, que depende de tu voluntad o intención que la ofrenda sea válida o no. Si uno tiene las intenciones correctas, el sacrificio es válido; si no, se invalida.

Aquí, de la misma forma que en la prohibición de idolatría, se nos enseña otra dimensión del autocontrol. Debemos controlar nuestros pensamientos y comprender que ellos pueden hacer que algo sea válido o inválido, aceptable o nulo.

A continuación hay una serie de mitzvot sobre las relaciones interpersonales. Dar tzedaká, no robar, no mentir y no guardar rencor, entre otras.

Quizás la yuxtaposición tenga el objetivo de enseñarnos que si la persona no está al nivel de la mitzvá de “kedoshim tihiú”, será incapaz de relacionarse apropiadamente con los demás.

"Haz lo que quieras, siempre y cuando no dañes a nadie" es una doctrina peligrosamente engañosa de la sociedad occidental moderna. La Torá nos enseña que esta frase es una contradicción, una mentira absoluta. Quien hace lo que quiere y satisface todos sus antojos y deseos, quien no se conduce con santidad (con autocontrol para perseguir un propósito y mantenerse en esa dirección), inevitablemente dañará a otras personas de una u otra forma. Si alguien está acostumbrado a gratificar sus deseos animales buscando un vano hedonismo, es realmente difícil creer que cuando otras personas se interpongan en su camino (lo que seguramente ocurrirá) no terminará hiriéndolas. Si esta persona busca ganar mucho dinero, ¿no buscará "ahorrar unos pesos" por aquí y por alla? ¿No mentirá para conseguir lo que quiere? ¿Donará generosamente a los pobres, compartiendo su riqueza ganada con tanto esfuerzo? ¿No va a herir nunca los sentimientos de otras personas en el momento en que estas se convirtieran en un obstáculo para sus instintos animales?

Indudablemente, quien vive sin autocontrol ni disciplina, sin objetivo ni dirección, sin santidad, probablemente, quizás inevitablemente, lastimará a otras personas. Sólo mediante el apego constante a la santidad la persona puede cumplir también sus obligaciones interpersonales.


NOTAS

(1) Rashi

(2) Si bien, estrictamente hablando, en Shabat está permitido pensar sobre temas comerciales, nuestros Sabios alientan enfáticamente a no hacerlo.

(3) Vaikrá 19:5