Hacia el final de la parashá, encontramos un cántico poético, un poco críptico, que el pueblo judío entonó sobre el manantial que los acompañó constantemente en el desierto.(1) Rashi explica que en ese momento ocurrió un milagro específico que los llevó a entonar un cántico de alabanza a Dios por el manantial.

Los enemigos decidieron emboscar a los judíos que iban camino a la Tierra. Ellos se ocultaron en cuevas, esperando el momento en que los judíos pasaran por el angosto valle entre las colinas. Hashem hizo un milagro: la montaña del lado opuesto se movió hacia la montaña en donde estaban las cuevas en las que ellos se ocultaron. Las protuberancias de roca de la primera montaña encajaron en las cuevas y eliminaron a los enemigos que esperaban en emboscada. De esta forma, los judíos se salvaron de una terrible catástrofe sin ni siquiera enterarse de lo que había ocurrido.

Hashem preguntó (por así decirlo): "¿Quién les informará a Mis hijos lo que hice por ellos?". Aquí entra en escena el manantial. Hashem hizo que el manantial expulsara los restos de los enemigos y los dejara a la vista del pueblo. Al comprender el milagro que acababa de ocurrir, los judíos comenzaron a entonar una alabanza por la bondad que Hashem había hecho a través del manantial.

Dos preguntas. Primero, es obvio que ese no era un manantial común y corriente. Para satisfacer la necesidad de bebida e higiene de un pueblo que contaba por lo menos con dos millones de personas, y de sus animales (que eran muchos), este "manantial" tiene que haber sido un río que fluía constantemente en el desierto. Imagínalo. Hay un pueblo que viaja por el desierto, y todo el tiempo hay un río que viaja con ellos, adonde sea que vayan. ¿Acaso esto no es suficientemente espectacular como para merecer un cántico en alabanza? La provisión constante de una de las necesidades más básicas, y de una manera tan milagrosa, ¿no es razón suficiente para entonar alabanzas? ¿Qué tenía de especial este milagro para generar la necesidad urgente de ofrecer una sinfonía de alabanza?

Además, este milagro parece tener una relación tangencial con el manantial. Después de todo, la salvación no ocurrió a través del manantial, sino que sólo fue el medio para informarle al pueblo lo que había ocurrido. Entonces, ¿por qué el manantial "recibió" la alabanza?(2)

Nuestros Sabios enseñan que si le das a alguien un regalo sin que se entere, debes informarle que lo hiciste. Rashi explica que de esta forma se incrementa el amor y la unidad entre los judíos, porque el receptor comprende que tienes buenos sentimientos hacia él y de forma natural ese sentimiento será correspondido.

Vemos entonces, que si bien hacer algo por otra persona es una acción positiva de bondad y una expresión de amor, de todas formas la comunicación entre el dador y el receptor es crucial para generar la dinámica deseada en la relación.

En nuestro caso, Hashem, que es nuestro Padre y nuestro Rey, nos salvó de una posible catástrofe. Él nos cuida y vela constantemente por nuestro bienestar. Sin embargo, la mera continuación de nuestra existencia física no cumple el propósito de la creación. Más bien es la relación de amor y reverencia que establecemos con Él, dentro del marco del cumplimiento de Su voluntad (tal como está expresado en Su Torá) lo que cumple el propósito de la creación tanto a nivel individual como nacional. Por eso Hashem se esforzó (por así decirlo), para que supiéramos lo que había hecho por nosotros, para que pudiéramos tener consciencia de lo mucho que Él nos cuida y que esos sentimientos de amor fueran recíprocos.

Sin lugar a dudas, el milagro constante del manantial-río en el desierto merecía grandes alabanzas y agradecimientos. Podemos asumir que el pueblo judío en el desierto por cierto agradeció y alabó a Hashem por este beneficio constante. Sin embargo, nunca nos contaron sobre esta bondad. Por supuesto, la razón por la que no se nos dijo nada es porque la información hubiera sido superflua. ¡Todos tenían consciencia de eso! Pero igualmente siempre es posible pensar algo como: "No lo hace porque nos ama. Lo hace porque tiene que hacerlo. Él les prometió a nuestros Patriarcas que sobreviviríamos y llegaríamos a la Tierra, así que no le queda otra opción. Está obligado por Su promesa".

Pero no fue así con el milagro que nos ocupa. Hashem no tenía que contarnos que nos había salvado. Podría haberlo hecho y dejarlo así. Por lo tanto, Su "esfuerzo" para contarnos lo que había pasado sólo puede implicar una cosa: Él realmente nos ama. Si no nos amara, ¿para qué se iba a tomar la molestia de informarnos lo que hizo por nosotros? Si Hashem hubiera estado cumpliendo Su promesa con resentimiento, no habría tenido ninguna razón para informarnos sobre el milagro.

Todavía más, ahora es obvio que el potente manantial-río que los acompañó milagrosamente en todos sus viajes por el desierto no existió sólo porque Hashem tenía que hacerlo. También eso se debió a que Dios realmente nos ama y nos cuida. Cuando el pueblo judío llegó a este punto de reconocimiento de que el Creador lo trata (por así decirlo) como un padre afectuoso, y que realmente se interesa por él, de inmediato y naturalmente respondió con una explosión espontánea de cánticos de alabanza a Hashem desde lo más profundo de su corazón, repletos de amor y reverencia hacia la Fuente de toda la bondad que recibían constantemente.

Siempre debemos recordar este iesod. Aunque a veces nos equivoquemos y de vez en cuando Hashem tenga que darnos una palmada (a veces muy ruidosas), la verdad es que Él nos ama infinitamente y que si a veces nos castiga, es con dolor (por así decirlo) y por nuestro propio bien.

Lo que Hashem hace por nosotros de manera constante (si quisiéramos contar Sus bondades nunca terminaríamos. Considera: cada vez que logramos respirar, dar un paso, el flujo sanguíneo, la vista, la digestión, la disponibilidad de alimentos, la vida familiar, etc.), no sólo lo hace porque "tiene que hacerlo" para cumplir la promesa que hizo a nuestros Patriarcas, sino también porque es nuestro Padre que nos ama y desea para nosotros lo mejor.


NOTAS

1. Bamidbar 21:17-20.

2. Obviamente, estaban alabando a Hashem, pero lo alabaron por el manantial. En este sentido, parece que el manantial “recibió el crédito” por el milagro.