Una de las secciones de la parashá de esta semana es el segundo párrafo del Shemá. Los dos primeros versículos dicen: “Y sucederá que si [se aplican a] escuchar, entonces escucharán mis mitzvot, que Yo les ordeno hoy, para amar a Hashem su Dios y servirle con todo su corazón y con toda su alma. Yo proveeré la lluvia para sus tierras en su momento… y tú recogerás tu grano, tu vino y tu aceite” (Devarim 11:13-14). Los versículos siguientes enumeran más bendiciones, así como las consecuencias negativas de no cumplir las mitzvot.

Considera lo siguiente. ¿No es sorprendente lo que un niño está dispuesto a hacer para recibir una golosina? Como adultos, entendemos que la recompensa que recibe el niño no es en absoluto proporcional a lo que hizo. Sin embargo, dado que una golosina es suficiente para hacerlo feliz, eso es lo que recibe.

Todo eso está muy bien cuando se trata de adultos que se relacionan con niños; pero cuando Hashem se relaciona con Sus creaciones no podemos aplicar el mismo principio. La razón es muy simple: Hashem es perfecto y Su forma de dirigir el mundo es absolutamente precisa y perfecta. Por lo tanto, esperamos que la recompensa que Hashem nos de por cumplir Sus mitzvot sea proporcional al acto realizado.

Rav Iaakov Weinberg señaló que un millón de dólares en verdad no se diferencia de una golosina, sólo que es una golosina más sofisticada. La verdad es que un millón de dólares es sólo otro premio insignificante. ¿Eso es lo que podemos esperar como recompensa por cumplir las mitzvot de Dios? ¿Acaso que llueva en el momento adecuado para que tengamos nuestro grano, vino y aceite, es una recompensa adecuada por seguir las directivas y la voluntad del Creador del universo?

La explicación de Sforno aclara este tema. Él escribe: "…serás sustentado sin dificultad y podrás servirle [a Dios]". En otras palabras, los granos y la lluvia no son el objetivo, sino el medio. Esto es similar a la declaración de Jazal respecto a que "una mitzvá lleva a otra mitzvá, porque la recompensa de una mitzvá es una mitzvá". Cuando cumplimos apropiadamente las mitzvot que se nos presentan, Hashem nos da el sustento material necesario para que tengamos la posibilidad de realizar más mitzvot.

Por supuesto, sabemos que hay un Olam Habá (mundo venidero) que nos espera con su recompensa eterna, y que cada mitzvá que cumplimos en este mundo genera grandiosos dividendos en el Mundo Venidero. Pero respecto a la recompensa que ya recibimos en este mundo, aprendemos una lección importante para saber cómo interpretarla.

La comodidad y la abundancia material que recibimos no son el objetivo, sino un medio que nos posibilita continuar dedicándonos a servir a Dios. Esa comodidad y abundancia deben aprovecharse de inmediato para mejorar el servicio a Dios sin ninguna clase de obstáculos. (1) Entonces, es importante tener cuidado de no “perder el tren” involucrándonos demasiado en la prosperidad material sólo en pos de esa prosperidad. La razón por la que es tan importante recordarlo es que la prosperidad material es sumamente seductora y tiene el poder de atraparnos y hacer que la convirtamos en el objetivo. Y, por supuesto, no queremos caer en eso.

En términos de entendimiento, podemos comprender en dos niveles por qué una mitzvá se considera una recompensa. En un nivel simple, se considera una recompensa porque nos permite lograr más del objetivo supremo que es la recompensa verdadera en el Mundo Venidero.

Sin embargo, Rav Iaakov Weinberg destacó un nivel de entendimiento mucho más profundo sobre la idea de que la recompensa de una mitzvá es una mitzvá.

Él explicó que en realidad no existe placer, satisfacción ni gratificación mayor que lo que se experimenta al servir al Creador del universo. Por supuesto, desde la perspectiva de Hashem, lo importante es que recibamos nuestro placer infinito en el Mundo Venidero. Pero desde nuestra perspectiva, no encontramos mayor alegría en la vida que tener el inconmensurable privilegio de servir a Dios, estudiar Su Torá y respetar Sus mitzvot. Por lo tanto para nosotros la mitzvá misma es la recompensa de la mitzvá, mientras que tener la posibilidad de realizar más mitzvot es el mejor resultado que podemos esperar por cumplir Su voluntad.

La siguiente historia resalta esta idea. En una ocasión, Rav Aharón Kotler dirigía una reunión con personas importantes de la comunidad y mencionó las palabras de Jazal respecto a que quien apoya el estudio de Torá en este mundo tendrá el mérito de estar al nivel de talmid jajam en el Mundo Venidero. Uno de los donantes preguntó: "Rabino, ¿debemos entender ese Jazal literalmente? ¿Cómo puede ser cierto que en el Olam Haemet yo tenga el mismo nivel de grandeza en Torá que el Rosh Ieshivá?" Sin dudarlo ni un segundo, Rav Aharon respondió enfáticamente: "¡Tiene que ser cierto literalmente! ¡Si no tienes este mundo, por lo menos debes tener el Mundo Venidero!" (2)


NOTAS

(1) Por ejemplo, aumentando la tzedaká y el jésed.

(2) Citado en Builders, de Rav Chanoch Teller.