“Ordena a Aharón y a sus hijos, diciendo: ‘esta es la enseñanza de la olá, es la olá que permanece sobre el fuego en el altar toda la noche hasta la mañana, y el fuego del altar arderá en ella” (Vaikrá 6:2).

Rashi explica que la palabra hebrea tzav, orden, implica ziruz, alentar y urgir; y que tiene vigencia en ese momento y en todas las generaciones. En particular es necesario el aliento y el impulso cuando la situación no involucra una ganancia monetaria (porque de estas ofrendas los cohanim sólo recibían el cuero).

Rav Iaakov Weinberg señaló que este versículo habla de Aharón Hacohen, una de las personalidades judías más grandiosas de la historia. Vemos que incluso él necesitó ziruz, aliento.

Rav Weinberg explicó que esto no significa que sin ziruz Aharón no hubiera hecho su mejor esfuerzo. Es obvio que sin ese impulso exterior Aharón hubiera hecho todo lo que estaba a su alcance. Pero esto nos enseña que cada persona tiene fuerzas potenciales que, a menudo, sólo se manifiestan como resultado del estímulo, del ziruz.

Rav Weinberg contó: “En una ocasión, estaba organizando jevrutot (parejas de estudio) al comienzo del zman (semestre), y había un bajur (estudiante) para quien no podía conseguir ninguna pareja adecuada. Intenté muchas ideas, pero nada funcionó. Lamentablemente, comenzó el zman estudiando solo, sin ninguna jevruta.

“Como dos semanas después del comienzo del zman, recibí una desesperada llamada telefónica de su padre: ‘¡Por favor! ¡Encuentre una jevruta para mi hijo! ¡Él sufre mucho por no tener una jevruta!’.

“Volví a intentarlo y, sorprendentemente, esta vez le encontré una jevruta apropiada.

“No piensen que la primera vez no me esforcé al máximo. Les aseguro que lo hice. Pero el desesperado apremio del padre del joven extrajo una energía latente que de otra forma no hubiera emergido”. A todos nos viene bien un poco de ziruz, dijo Rav Weinberg, más allá de lo mucho que nos estemos esforzando.

Lo interesante en la explicación de Rashi es que nos enseña que en situaciones donde el individuo puede obtener un beneficio monetario, casi no es necesario que otras personas provean ziruz. La ganancia monetaria por sí sola brinda gran parte del impulso necesario.

Es obvio que Aharón Hacohen (como todos sus hijos o cualquier otro tzadik) no realizaba la avodá (servicio) para obtener una ganancia monetaria. Incluso sugerir algo así sería sumamente absurdo. Podemos suponer con certeza que la idea de la ganancia monetaria ni siquiera le pasaba por la cabeza. Con certeza, su única motivación para realizar la avodá era su deseo de cumplir la voluntad de Dios. Sin embargo, vemos que el aspecto monetario tiene un rol subconsciente de ziruz incluso para Aharón Hacohen. Por lo tanto, para personas de un nivel inferior también puede ocupar un lugar en el proceso consciente de pensamiento. Sin embargo, es sólo un ziruz, no el factor principal de motivación.

Para ilustrar esta idea, imagina a un atleta que compite por la medalla de oro. En medio de la carrera, comienza a sentir cansancio y debilidad, lo que lo lleva a aminorar un poco el ritmo. Al ver eso, sus admiradores comienzan a alentarlo para darle un empujón. ¡Y funciona! Él sigue adelante con nuevas energías y logra su objetivo de ganar la medalla.

¿Te parece que su principal motivación fue el aliento momentáneo que recibió en medio de la carrera? ¡Por supuesto que no! Lo que lo motivó, de principio a fin, fue lograr ganar la medalla de oro. Entonces, ¿qué función tuvo el aliento?

Ziruz.

El ziruz es el empuje exterior que ayuda a empujarnos hacia nuestros objetivos sin reemplazar la motivación real de nuestras acciones.

Por esta razón, no es inadecuado el ziruz que genera la ganancia monetaria en el mundo de Torá y mitzvot. Podemos preguntarnos por qué hay tantos incentivos monetarios en los programas y proyectos de estudio, ya sea en el sistema de kolelim u otros. Basado en lo que dijimos, debería quedar claro que este enfoque no tiene nada negativo. Por el contrario, vemos que utilizar incentivos monetarios como ziruz en verdad es positivo. Quienes estudian seriamente no lo hacen por el dinero, que Dios no lo permita (1). Su motivación para estudiar es llevar a cabo la tarea más elevada que Hashem nos otorgó. Los pequeños incentivos monetarios que reciben son simplemente un ziruz. Y el ziruz, como vimos, es algo positivo.

Como vimos, el ziruz puede tomar la forma de aliento, de una súplica desesperada o de un incentivo monetario. La verdad es que no importa la forma que tome el ziruz, siempre y cuando tenga un efecto positivo y beneficioso. Encuentra el ziruz que mejor funcione para los demás y para ti mismo.


NOTA

(1) De hecho, sería completamente ridículo sugerir algo así, porque si lo que quisieran fuera dinero, encontrarían alguna forma mucho mejor de conseguirlo. Todos los incentivos monetarios que existen en el mundo de los kolelim y en organizaciones similares representan una cantidad muy pequeña para cada individuo. Si estuvieran realmente interesados en dinero, lo buscarían en otro lado.

A propósito, esto es similar a lo que explicó Rav Iaakov Weinberg respecto a los kolelim, al decir que no contradicen para nada la opinión del Rambam respecto a que aceptar dinero para estudiar Torá es un jilul Hashem (Hiljot Talmud Torá 3:10). Rav Weinberg explicó que la declaración del Rambam se refiere a quien estudia para obtener dinero. Los abrejim de los kolelim hacen exactamente lo contrario: ¡ellos están dispuestos a subsistir con muy poco dinero para continuar estudiando tiempo completo!