A pesar de que Dios le había informado que él no sería quien llevaría a casa al pueblo judío, Moshé continuó enseñando Torá antes de que entraran a la Tierra de Israel. Como un preámbulo a los Diez Mandamientos, Moshé dijo: "No añadirán al asunto que yo les ordeno ni le quitarán" (Deuteronomio 4:2).

Esta declaración incluye dos leyes. La primera es la prohibición de agregar algo a los mandamientos de la Torá. Esto implica que, por ejemplo, está prohibido alargar la festividad de Sucot un día más, agregar un quinto grupo de hilos al tzitzit o agregar otro compartimiento a la caja de nuestro tefilín. La segunda ley es la prohibición de quitar algo de los mandamientos de la Torá.

Ambos elementos son desconcertantes. El primero parece ser algo ilógico, mientras que el segundo parece algo obvio. El deseo de agregar algo a los mandamientos puede surgir de la urgencia por dedicarse a la vida religiosa y una profunda conexión con el Creador. ¿Por qué está prohibido algo que aparentemente debería ser digno de elogio? Respecto a la segunda prohibición, dado que la Torá declara en muchas ocasiones que sus leyes son eternas, es inconcebible que esté permitido cambiar algo de sus mandamientos. Entonces, ¿cuál es el significado de este versículo?

El Sforno explica que en verdad el segundo elemento es necesario para evitar que la gente erróneamente asuma que hay mandamientos que se aplican sólo a ciertas circunstancias o a personas particulares. Este fue el caso con el Rey Salomón, quien creyó que de forma contraria al mandamiento explícito de la Torá, tener muchas esposas y muchos caballos no provocaría que él se alejara del camino (Tratado Sanedrín 21b). Esta tendencia a creer que a veces estamos por encima del alcance de una ley ocurre de forma cotidiana en nuestras vidas. ¿Cuántos manejamos un poco por encima de la velocidad máxima en una ruta desierta, "seguros" de que en verdad eso no era peligroso porque estábamos en control? Incluso el Rey Salomón, el hombre mas sabio que vivió (Reyes I 5:10) no se salvó de este defecto de asumir que uno es inmune por entender el razonamiento que explica el mandamiento. El Sforno explica que el versículo nos enseña que no hay excepciones, y que nadie está "por encima de la ley".

Una explicación de la prohibición de agregar a los mandamientos de la Torá se puede entender a través de una analogía que relataba a menudo mi padre. Un gran arquitecto diseña una estructura exquisita. Él le entrega los planos a su capataz, quien a su vez instruye a los obreros respecto a su implementación. En medio de la construcción, uno de los obreros decide que si él incrementa levemente la altura de cierta cerca, la bella estructura quedará más protegida. Pero el resultado, ante la angustia del arquitecto original, es que ahora la pared oculta parte de la inmensa belleza del edificio. El arquitecto consideró cada pequeño detalle, "saber a quién incluyo, a quién excluyo, a quién, quizás, ofendo con el muro" (Robert Frost, Reparar el muro). Pero sin ese entendimiento, al agregar algo pequeño al diseño original, el obrero disminuyó su belleza.

Rabenu Bejaia explica que se debe tener cuidado de no presumir pensando que lo que uno agrega es la voluntad de Dios, "porque la Torá es perfecta y no necesita agregados ni reducciones, y cualquiera que agregue algo [en realidad] le quita". El Talmud deriva esta idea de un episodio al comienzo del Libro de Génesis (Tratado Sanedrín 29 a). Poco después de haber creado al hombre, Dios le permitió que reinara libremente sobre el Jardín del Edén, con una sola excepción: "Del Árbol del Conocimiento del Bien y del Mal, de él no comerás" (Génesis 2:17). Esta fue la primera vez en la historia que agregaron algo un mandamiento Divino. Javá le dijo a la serpiente: "Dios dijo que no comamos y que no lo toquemos" (3:3). Rashi señala que el hecho de ser más estrictos de lo que Dios les había ordenado fue en definitiva lo que llevó a la caída del hombre.

Los Sabios, como el capataz de un arquitecto, fueron confiados con los delicados métodos necesarios para proteger a los mandamientos, y una persona en verdad puede elegir para sí misma asumir una conducta más rigurosa dentro de las pautas rabínicas. Sin embargo, hay personas que presionan para universalizar sus rigurosidades personales, lo que obstaculiza llegar a apreciar la verdadera esencia de la maravillosa Torá que quieren preservar. Al erigir "vallas" suplementarias desde el interior, ellos dejan afuera gran parte de lo que la Torá tiene para ofrecernos. Previamente Moshé declaró explícitamente que fortalecer de más los muros es un signo de debilidad, porque refleja falta de fuerza y de seguridad intrínseca (Rashi sobre Números 13:18). Aquí Moshé les advierte a los "obreros" originales de la Torá, antes de que entraran a la Tierra, que no debían agregar nada al plano perfecto.