La parashat Balak cuenta con todos los ingredientes de una loca pantomima: un rey asustado, un profeta malvado y un asno que habla. Y tal como en una pantomima, el bien le gana al mal. El profeta Bilam, a quien convocaron para maldecir al pueblo de Israel, no puede pronunciar nada más que bendiciones:

"¡Qué buenas son tus tiendas, Oh Iaakov, tus moradas, Oh Israel… Benditos los que te bendigan y malditos los que te maldigan" (Números 24:5-9)

Rashi interpreta que la palabra "buenas" se refiere a la costumbre que tenía el pueblo de organizar sus tiendas de una forma recatada, cuidando que las puertas no estuvieran unas frente a las otras (Rashi sobre Números 24:5). El pueblo tenía una fuerte brújula moral que lo dirigía, y acampaba físicamente de una manera que preservaba el recato y la privacidad.

Por eso llama la atención leer unos pocos versículos más adelante sobre la caída moral del pueblo, cuando las moabitas y las midianitas sedujeron a los israelitas, lo que culminó con una exhibición pública de comportamiento lascivo entre Zimrí, un líder judío, y una princesa midianita (Números 25:6).

Esa inmoralidad es especialmente extraña dada la cercanía a las inspiradoras revelaciones que el pueblo había experimentado hasta ese momento. Sus vidas dependían de milagros, incluyendo la protección de un pilar de fuego de noche y un pilar de nube durante el día. Tenían provistas todas sus necesidades físicas, incluyendo las extraordinarias porciones de maná. Y cada día estaban más cerca de entrar a la Tierra Prometida. Podían sentir el aroma de la santidad, y a pesar de eso se sumergieron en un abismo de inmoralidad. ¿Cómo pudo ser posible?

Una breve mirada a los acontecimientos de nuestra historia bíblica revela la fuerza casi imbatible de la inclinación al mal y la relativa debilidad que mostramos a lo largo de los siglos frente a la tentación. Leemos que Adam y Javá comieron del fruto prohibido. Caín mató a Hébel y la generación del Diluvio fue destruida por haberse hundido en las profundidades de la corrupción y la violencia (Génesis 6:11).

Quizás esta es la razón por la que Rashi interpreta en Levítico las palabras "santos serán" como "aléjense de la inmoralidad sexual y del pecado, porque cuando uno encuentra una barrera contra la inmoralidad sexual, encuentra la santidad" (Rashi sobre Levítico 19:2). Rashi no se enfoca en buscar emprendimientos sagrados sino en alejarnos de lo que está prohibido, lo que puede tentarnos a actuar de forma inmoral. De esta manera se debe establecer una atmósfera de santidad en nuestras vidas.

Najmánides lleva la obligación un paso más adelante. Al interpretar las palabras "santos serán", en vez de enfocarse en alejarnos de lo que está prohibido, él enfatiza aquello que está permitido (Najmánides Ad loc). De acuerdo con su interpretación, el mandamiento implica que incluso si alguien vive al pie de la letra de la ley, de todos modos puede llegar a transgredir su espíritu. Por lo tanto, él aboga por un estilo de vida de moderación, incluso de aquello que está permitido disfrutar. Para llegar a la verdadera santidad, de acuerdo con Najmánides, no basta con alejarnos de la inmoralidad que nos rodea, sino que debemos aprender a reconocer nuestras debilidades y aquello que desencadena nuestras tentaciones y alejarnos de situaciones que puedan hacernos tropezar, incluso si se trata de cosas técnicamente permitidas por la Torá.

Tal vez esta es la clave del drástico descenso a la inmoralidad que experimentó el pueblo judío. Ellos sabían cómo alejarse de lo que estaba prohibido. Esto lo vemos en el hecho de que acomodaban sus tiendas de una manera recatada. Casi lo lograron. Pero lamentablemente fracasaron al no dar ese paso adicional, al no alejarse de aquello que les estaba permitido. Su proximidad a las mujeres moabitas y midianitas no era algo prohibido por sí mismo. Sin embargo, de acuerdo con el entendimiento de Najmánides del mandamiento de ser santos, necesitamos extender nuestra antena más allá de lo que obviamente está prohibido.

Debemos evitar a toda costa cualquier situación de tentación. Pero dado que no debemos alejarnos del mundo real, esta idea nos indica que cada uno debe conocerse lo suficiente como para evitar sus puntos débiles personales. Quizás por eso el mandamiento de ser santos es más bien general, porque su aplicación es inherentemente subjetiva.

Dentro de cada persona hay poderosas tendencias contra las cuales puede ser difícil luchar. Todos conocemos nuestros puntos fuertes y nuestras debilidades, y cuáles son los desencadenantes que probablemente puedan llevarnos a caer en la tentación. Para lograr navegar con éxito nuestro camino hacia el bien y la santidad, debemos evitar activamente las situaciones que pueden ponernos en riesgo de vernos tentados por nuestros enemigos internos. En este episodio de la Torá, el enemigo interno es la tentación por la inmoralidad. Pero en la vida cotidiana, hay muchas otras tentaciones esperando hacernos tropezar. De nosotros depende identificar estos desencadenantes y alejarnos de ellos. Si logramos mantenernos alejados de ellos, seremos bendecidos con una vida de santidad.