"Dios le dijo a Abram: 'Vete por ti de tu tierra, de tu lugar de nacimiento y de la casa de tu padre, a la tierra que Yo te mostraré'" (Génesis 12:1)

Estas palabras se encuentran entre las más trascendentes en la historia de la humanidad. Con esta orden a un solo hombre se pusieron en marcha el judaísmo, el cristianismo y el islam. A cambio de su viaje hacia lo desconocido y su lealtad al Dios único, se le prometió a Abram fama, fortuna y la bendición de convertirse en el padre de una gran nación con muchos descendientes (Rashi, 12:2). Con tales garantías de Dios mismo, "Abram se fue conforme le había mandado Dios…" (12:4). Sin embargo, apenas llegó "hubo una hambruna en la tierra" y se vio obligado a bajar a Egipto (12:10). A lo largo de la historia, Abraham enfrentó desafíos con su esposa Sará (12:14), con su sobrino Lot (13:7), e incluso llegó a perder las esperanzas de tener descendencia (15:3). ¿Qué pasó con todo el bien que Dios le había prometido?

Algunas personas que deciden seguir la religión lo hacen buscando un beneficio instantáneo, con la expectativa de que si ellos hacen su parte Dios les responderá recíprocamente. Se sienten atraídas por el carisma religioso de la satisfacción espiritual, o por la cohesión comunitaria o por un sentido de propósito. Al ver a otros que parecen haber logrado esos tesoros; creen que, a cambio de renovar su práctica religiosa, también ellos merecerán recibirlos y que todo lo que es bueno se desplegará de forma instantánea ante ellos. En verdad, es muy raro que esto ocurra.

También Abraham se debe haber emocionado por el encanto de las bendiciones de Dios. Sin embargo, como el primer iniciado en el monoteísmo y el prototipo para el futuro, sus pruebas y tribulaciones causaron que se volviera escéptico: "¿Qué me puedes dar si no tengo hijos?" (15:2), Entonces, Dios "lo sacó afuera y le dijo: 'Observa ahora los cielos y cuenta las estrellas…'" (15:5) Debido a que la Torá no menciona antes que Abraham estuviera adentro, y que la expresión para "observar" sugiere mirar desde arriba, el Midrash dice que Dios sacó a Abraham del mundo para que contemplara las estrellas (Génesis Rabá 44:10). Cuando Abraham se quejó de la falta de cumplimiento de la promesa de Dios, Dios le dio a entender que, en un sentido figurado, debía salir de su realidad inmediata y ganar un poco de perspectiva. Tal como el mundo parece ser insignificantemente pequeño desde el espacio, nuestra situación inmediata puede verse de la misma manera, lo que revela que en la vida hay más de lo que está representado en cualquier momento o lugar.

Inmediatamente después de esta lección de perspectiva, Abraham volvió a preguntar: "¿En qué sabré que la he de heredar [a la tierra]?" (15:8). Al parecer, Abraham estaba preocupado por sus descendientes y por cómo ellos heredarían la tierra. En respuesta, Dios efectuó un extraño ritual religioso, a través del cual estableció un pacto y brindó una profecía de la esclavitud en Egipto y la posterior liberación de los descendientes de Abraham. En esencia, a través de este pacto, Dios le prometió a Abraham que el pueblo judío atravesaría problemas y triunfos, pero su relación como pueblo, como una nación más grande que la suma de sus individuos, no es un contrato sino un pacto. Mientras que un contrato humano puede ser revocado si una parte no cumple con sus obligaciones, el pacto bíblico entre Dios y los descendientes de Abraham es eterno e irrevocable. Dios extendió la lección de la perspectiva más allá de la perspectiva inmediata del espacio a la perspectiva histórica del tiempo.

Con el increíble desarrollo de la tecnología, vivimos en una "generación de microonda" donde basta presionar un botón y en segundos tenemos acceso a muchas cosas que en el pasado requerían extensos períodos de tiempo. Esta gratificación instantánea abrió muchas puertas a la conveniencia y a grandes oportunidades, pero simultáneamente cerró las puertas tradicionales de la paciencia y la perspectiva. Cuando Abraham dio su primer paso religioso, también él esperaba que se cumpliera automáticamente la promesa de Dios. Sin embargo, Dios le enseñó a él y a todos sus descendientes que la ganancia real y duradera requiere tiempo. Armados con esta perspectiva, podemos enfrentar los desafíos de la vida desde un nuevo punto de vista, uno que nos permite entender de una forma diferente a lo que está a disposición en el contexto inmediato. Este enfoque que Dios le enseñó a Abraham en sus momentos inaugurales como líder del monoteísmo, presenta un enfoque sano de la religión, porque en vez de generar desilusión permite que la religión infunda significado, esperanza y valor a la vida de sus adherentes.