Al acercarnos al final de la última sección de la Torá, la parashat Haazinu comienza: "Escuchen, oh cielos, y hablaré; y que la tierra oiga las expresiones de mi boca" (Deuteronomio 32:1). De acuerdo con Rashi, al emitir advertencias a Israel Moshé necesita dos testigos, tal como lo requiere la ley judía. Moshé puso como testigos a los cielos y la tierra, porque ellos continuarán dando testimonio por siempre. Usando una frase similar, Isaías, uno de los últimos profetas, convoca a los mismos dos testigos al exhortar al pueblo judío: "Oigan los cielos y escuche la tierra…" (Isaías 1:2).

El Midrash Tanjuma señala una sutil diferencia entre estos dos versículos prácticamente idénticos. Moshé usa el término haazinu (oigan) al dirigirse a los cielos y tishmá (escuche) al dirigirse a la tierra. Isaías revierte los verbos y dice "escuchen" a los cielos y "oiga" la tierra (Tanjuma, Haazinu 32:2).

Rabí Akiva explica que Moshé se sentía cómodo habitando en los cielos. Él ascendió dos veces para recibir la Torá directamente de Dios. La Torá se refiere a Moshé como alguien que vio el rostro de Dios. Él vivió en una época en la que el pueblo judío estaba en su más elevado nivel espiritual, el momento de la entrega de la Torá. En contraste, Isaías vivió durante una época de rebelión. Sus principales experiencias fueron adquiridas del mundo físico, en el cual se esforzaba día y noche.

Este Midrash enseña que haazinu es un término de cercanía y familiaridad, porque escuchar es una forma activa de recibir las palabras de otro. Tishmá (oír) es un acto más distante, más pasivo. Moshé tenía una conexión más cercana con los cielos e Isaías tenía una conexión más cercana con la tierra. Al vivir una vida de Torá, uno debe esforzarse por lograr un equilibrio entre ambas esferas. Tanto Moshé como Isaías ejemplifican esto, al dirigirse a ambas entidades a pesar de que cada uno tenía más conexión con una de las partes.

Quizás el mayor paradigma talmúdico de esta tensión entre lo ideal y la realidad menos clara es el continuo debate entre la Casa de Shamai y la Casa de Hilel.

Al saludar a una novia, la Casa de Shamai directamente le hace saber si ella se ve bien. La Casa de Shamai sostiene que la verdad es un valor absoluto, sin importar el impacto que eso pueda tener sobre los sentimientos de una persona, y esto representa una vida de ideales incondicionales. La Casa de Hilel adopta un enfoque más suave, más acorde al mundo real. Hilel enseña formas en que la verdad puede teñirse para minimizar la vergüenza (Tratado Ketuvot 17b).

Cuando una persona se acercó a la casa de Shamai y pidió que le enseñaran toda la Torá mientras estaba parado en un pie, la Casa de Shamai se horrorizó por el pedido, porque aprender incluso una pequeña porción de la Torá lleva años de duro esfuerzo. Sin embargo, la Casa de Hilel reconoció la oportunidad que se presentó. No todo el mundo tiene el valor de dedicar largos períodos de tiempo al estudio de la Torá. Pero todas las personas merecen aprender cualquier porción de la Torá que tengan tiempo de estudiar. La Casa de Hilel aprovechó el momento y le enseñó a esa persona una de las bases de la Torá: "no hagas a los demás lo que no te gusta que te hagan, el resto es comentario, ve y estúdialo". (Tratado Shabat 31a).

La Mishná en el Tratado de Avot enseña que uno debe "formar muchos alumnos" en el reino de la Torá (Mishná, Avot 1:1). La Casa de Shamai cree que debido a la grandeza de la Torá, los discípulos deben ser meritorios, es decir que esta declaración se refiere sólo a personas de gran integridad, humildad y sabiduría. Pero la Casa de Hilel reconoce que la realidad no siempre es blanca o negra (Avot DeRabí Natan 2:9). La perspectiva de Hilel es que la Torá debe ser accesible a todos los judíos.

Aunque una persona contemporánea podría espantarse de las opiniones de la Casa de Shamai, el Talmud siempre incluye su opinión al presentar debates de ley y pensamiento judío. La Casa de Shamai nos recuerda el ideal al cual debemos aspirar y nos advierte tener cuidado y no permitir que los estándares decaigan.

De acuerdo con la tradición, cuando llegue el Mashíaj los dictámenes halájicos serán acordes a la Casa de Shamai, porque en ese momento el mundo estará en un nivel más elevado (Rav Eljanán Wasserman, Kovetz SHiurim, parte 2, pág. 112). Rav Maurice Lamm afirma: "No será un nuevo mundo, un mundo cualitativamente diferente, sino que será este mundo llevado a su perfección".

Aunque la personalidad de cada individuo puede tender naturalmente hacia el idealismo o al realismo, cada uno debe tratar de mantener un equilibrio. Algunos actúan de acuerdo con la perspectiva de Shamai, ignorando los matices de la realidad. Sin embargo, para vivir en la realidad, algunas situaciones requieren concesiones, alejarse un poco de lo ideal. De todos modos, es crucial asegurarnos que las concesiones de ayer no se conviertan en el nivel aceptable mañana.

El objetivo es encontrar un equilibrio entre ideales y realidad y vivir una vida plena y satisfactoria en el mundo real, y al mismo tiempo mantenernos siempre enfocados en la Torá y las búsquedas Divinas.