Una de las partes integrales del Tabernáculo era una fuente de cobre (nejoshet)1 para que Aharón y los sacerdotes "lavaran sus manos y sus pies para que no mueran".2 ¿Por qué un sacerdote que cumpliera su servicio sin lavarse antes en la fuente (lavabo) de cobre estaba destinado a recibir un castigo tan severo? ¿Y cuál es el significado de que haya sido de cobre (nejoshet)? Para incrementar la incertidumbre, el Sforno explica que hay una diferencia clave entre la fuente y los otros utensilios sagrados, en el sentido de que todos los demás utensilios funcionaban para dar lugar a la presencia Divina. En contraste, la fuente servía para preparar a los sacerdotes.3 ¿Cómo puede ser que algo que ni siquiera afectaba directamente la acción cumplida, sino sólo a quien la efectuaba, estuviera conectado con consecuencias tan severas? Una similitud textual y temática entre esta descripción y otro episodio que se encuentra más adelante en la Torá, puede ayudarnos a entender estas dificultades.

Después de deambular cuarenta años por el desierto, el pueblo judío se quejó: "¿Para qué nos sacaste de Egipto para morir en el desierto? Pues no hay pan ni agua y nuestra alma se ha hartado de este alimento insustancial".4 Rav Hirsch explica que a pesar de recibir cada día una porción milagrosa de maná durante su estadía en el desierto, ellos extrañaban tener alimentos comunes como pan y agua.5 Lo que una vez valoraron como la Gracia de Dios se había transformado en una rutina desabrida. Como respuesta a sus quejas, Dios "envió (vaishalaj) contra el pueblo a las serpientes (najashim) abrasadoras, que mordieron al pueblo y murió mucha gente de Israel".6 La palabra vaishalaj generalmente se encuentra en la forma gramatical paal que significa enviar, mientras que en este contexto está en la forma piel, que significa soltar o dejar ir. Esto implica que las serpientes fueron una consecuencia natural del hecho de residir en un área peligrosa como el desierto, donde las serpientes son muy comunes. Moshé después describe la forma en que Dios guio al pueblo judío a través del "desierto inmenso y polvoroso de víboras, serpientes ardientes, escorpiones…"7 Además de proveerles el maná, Dios protegió milagrosamente al pueblo judío de esos peligros naturales. Pero ahora, como consecuencia directa de la falta de valoración respecto a Su protección, Dios dejó que la naturaleza siguiera su curso y permitió que se liberaran los animales peligrosos.

El uso repetido de la raíz najash y el paralelo temático con la muerte como una consecuencia, ya sea en el contexto de la fuente de cobre (nejoshet) o en el contexto de las serpientes (najashim), puede sugerir una respuesta a las preguntas originales.

La gravedad de que los sacerdotes no se lavaran las manos se relaciona con la posibilidad de que pudieran entrar al servicio sagrado del Tabernáculo con el mismo estado mental que tenían para cualquier otra tarea, como el trabajo doméstico. De forma paralela, cuando la generación del desierto se quejó, manifestó una falta de apreciación por la naturaleza milagrosa del maná que recibían. Para ellos, lo sagrado se había vuelto una rutina.

En ambas situaciones, la respuesta de Dios involucró al najash. En el caso del desierto, como un resultado directo de la falta de apreciación del pueblo por el bien que Dios les brindaba, Él liberó a las serpientes venenosas (najashim) y dejó que atacaran al pueblo. En el caso de los sacerdotes, más que ser una respuesta, la institución del lavado ritual en la fuente de cobre (nejoshet) es un movimiento preventivo con el objetivo de evitar la complacencia en un momento de santidad. Puede ser por esta razón que aunque la Torá señala que el propósito de la fuente era "para lavarse", Ónkelos lo tradujo como "para santificarse".8 Esto refleja la verdadera función de la fuente más allá de ser un simple medio para lavarse, como un recordatorio de que servir en el Tabernáculo es una práctica sagrada que nunca debe reducirse a un acto habitual.

Lejos de ser sólo algo periférico, resulta que el uso de la fuente de cobre es fundamental para santidad subyacente al servicio de los sacerdotes. Esto refleja el estado mental necesario para elevar su servicio de lo mundano a lo sagrado. También representa su momento de transición de lo ordinario a lo extraordinario, el momento mismo durante el cual adquirían una aguda valoración de la santidad del lugar, del momento y de su rol.

Este mensaje sigue siendo actual hasta el día de hoy a través del mandamiento de lavarnos las manos cada mañana, un eco de la práctica que requería que los sacerdotes se lavaran antes de cumplir su servicio sagrado.9 Con esta asociación, no sólo queda clara la implicancia de que nuestro comportamiento diario debe estar imbuido de santidad, al igual que el servicio del sacerdote en el Tabernáculo, sino tambiénque para no caer en una rutina, para no caer en la complacencia, es esencial la preparación y la previsión adecuada.

Esto puede encontrar expresión al comprender que actividades tales como pasar tiempo con tu familia o estudiar Torá no deben darse por sentado y deben apreciarse, sin importar cuán frecuentes sean. Rav Soloveitchik solía colocar carteles en Yeshiva University que recordaban que "la santidad requiere preparación", para recordarle a la gente que uno nunca debe sentir que puede entrar en acción sin la contemplación y los preparativos necesarios. Por lo tanto, cada mañana, a través de lo que parece un simple acto de lavarnos las manos, se nos recuerda la importancia de elevar lo mundano a sagrado, de valorar todo lo que tenemos y prepararnos apropiadamente para lograr el marco mental necesario para una vida de santidad y significado.

RESUMEN:

Los detalles relativos al lavado ritual de manos de los sacerdotes antes de su servicio en el Tabernáculo, nos presentan con una conexión extraña e inesperada con las serpientes venenosas que encontró la generación del desierto. Al conectar los puntos, llegamos hasta nuestra vida en la actualidad y descubrimos que el ritual básico de lavarnos las manos cada mañana es un recordatorio del castigo que sufrieron nuestros ancestros por no valorar la santidad que los rodeaba.


NOTAS

1 .Éxodo 30:18.

2. Éxodo 30:21.

3. Sforno sobre Éxodo 30:21.

4. Números 21:5

5. Rav Hirsch sobre Números 21:5

6. Números 21:6

7. Deuteronomio 8:15

8. Onkelos sobre Éxodo 30:18

9. Najmánides sobre Éxodo 30:18; Rashba Responsa 1:191: Mishná Brurá 4:1