Al estar solo en el desierto, Iaakov soñó con "una escalera apoyada en la tierra y su punta llegaba hasta los cielos, y he aquí que ángeles de Dios ascendían y descendían por ella" (Génesis 28:12). Esta intensa profecía llevó a Iaakov a tomar consciencia de la santidad del suelo sobre el que descansaba: el monte Moriá. Iaakov se despertó y dijo: "Verdaderamente Dios está en este lugar y yo no lo sabía" (28:16) ¿A qué se refirió Iaakov al decir que no sabía que Dios estaba en ese lugar? ¿Acaso la presencia de Dios no está en todas partes? ¿Es que Iaakov, el patriarca de la fe, mostró aquí una falta de fe?

Iaakov estaba exhausto; físicamente fatigado de viajar y emocionalmente agotado después de haber engañado a su padre y enfurecido a su hermano. Él deambula de su doloroso pasado a su arduo futuro, donde tendrá que dedicar más de una década de su vida a un suegro engañador. Pero en ese momento de tranquilidad, su cuerpo y su alma anhelan dormir. Rashi explica que si Iaakov hubiera sabido que estaba en un lugar tan sagrado, no hubiera dormido. Iaakov también lamenta haber dormido en un lugar donde está la presencia Divina, cuando hubiera podido quedarse despierto para rezar o dedicarse a otra actividad significativa (HaEmek Davar). En esencia, Iaakov se siente sumamente decepcionado al descubrir que ha perdido esa oportunidad de su vida, la oportunidad de derramar su corazón ante su Creador en ese momento de calma en el sitio más sagrado de la tierra. En vez de aprovechar ese momento repleto de tanto potencial espiritual, él se acostó para escapar de la realidad y se quedó dormido.

El arrepentimiento puede ser un sentimiento desgarrador. Es terrible cuando perdemos una oportunidad y, en retrospectiva, nos damos cuenta que podríamos y deberíamos haber hecho otra cosa. Repasamos lo que hicimos y nos damos cuenta que simplemente es "una cosa retorcida que no podemos enderezar, una falta que no se puede reparar" (Kohelet 1:15). Sin embargo, vivimos en el momento, por el momento y dentro de los parámetros del momento. Esto significa que gran parte del significado de nuestros actos y su efecto en los demás están ocultos a la vista, tanto para nosotros como para quienes nos rodean.

En ese momento de oportunidad perdida, Iaakov tuvo un sueño histórico. ¿Cuál es la esencia de un sueño? Un sueño es un conjunto de pensamientos que tienen lugar en la mente sin una conexión directa o explícita con la realidad exterior. En ese sentido, gran parte de nuestra vida de vigilia es como un sueño. Todos los pensamientos e ideas entran y salen de nuestra cabeza mientras estamos ocupados haciendo otras cosas, absortos en el mundo de lo práctico. Los sueños son pensamientos que tienen lugar mientras estamos enfocados en otras cosas. A menudo pareciera que caminamos por la vida como sonámbulos, demasiado ocupados con pensamientos sobre nuestro pasado o nuestro futuro como para vivir con verdadera consciencia en el presente. En relación a este continuo estado de letargo, Maimónides dijo: "Despierten los durmientes de su sueño; levántense los dormidos de su adormecimiento" (Mishné Torá, Leyes de Teshuvá 3:4).

Todos podemos nombrar personas con quienes desearíamos haber pasado más tiempo, actividades en las que desearíamos haber invertido más, conversaciones durante las cuales hubiéramos querido tener más consciencia. La retrospectiva funciona en nuestra contra cuando consideramos en términos de arrepentimiento y podemos quedarnos atrapados en el pensamiento de "probablemente debería haberlo hecho". Sin embargo, la retrospectiva puede impulsarnos hacia adelante, ofrecernos una lente a través de la cual podemos aprender para el futuro en vez de insistir en los errores del pasado. Quizás la Torá trae el dolor que Iaakov sintió en ese momento como una llamada de atención. Esto sirve como una campana de alarma para despertar en nosotros el entendimiento profundo respecto a que los momentos que parecen ser insignificantes a menudo pueden tener un gran significado y que las mayores oportunidades a veces están justo a nuestros pies.