La parashat Jukat contiene uno de los episodios más enigmáticos de la Torá: Dios le dice a Moshé: "Hablen a la roca ante la vista de ellos y ella dará sus aguas" (Números 20:8). Pero en cambio, "Moshé alzó su mano y golpeó (vaiaj) la roca con su vara dos veces" (20:11).

Moshé tuvo una vida recta, repleta de compasión y tolerancia por los indefensos y oprimidos, desde una oveja hasta una gran nación. Él dio todo por los demás, pero ahora cometió un desliz en un momento de ira y se le prohíbe concretar su sueño de guiar a su pueblo a la Tierra Prometida.

Muchos comentaristas intentan discernir la razón exacta por la que no se le permitió a Moshé entrar a Israel. Vemos que un pequeño acto puede tener tremendas consecuencias. Pero si uno observa cuarenta años hacia atrás, el caso se vuelve todavía más perplejo, porque parece que Moshé actuó de esa forma basado en un precedente. Cuando el pueblo estaba sediento tras haber emergido de los grilletes de la esclavitud egipcia, Dios le dijo a Moshé: "Golpearás la roca y de ella saldrá agua para que el pueblo beba" (Éxodo 17:6). ¿Cuál es la diferencia entre estos dos casos paralelos?

La historia parece repetirse. Los líderes a menudo, quizás erradamente, actúan basados en un patrón del pasado en vez de crear una respuesta más adecuada para las nuevas necesidades. Aunque las circunstancias pueden ser similares, las condiciones y el contexto evolucionan con el tiempo. Este fue el principal error de Moshé.

Moshé es una personalidad proactiva que sabe cómo actuar para asegurar sus derechos. Él no dudó en saltar y actuar cuando la situación lo exigió. Uno de nuestros primeros encuentros con Moshé como adulto es su defensa activa de otro judío: "Moshé vio que un egipcio le pegaba a un hombre hebreo, de sus hermanos… Entonces le pegó (vaiaj) al egipcio" (2:11-12). Posteriormente, Moshé dio comienzo a las diez plagas: "levantó su vara y golpeó (vaiaj) las aguas" (7:20) del Nilo, convirtiéndolas en sangre. El mismo acto (el golpe) se repitió en las plagas de piojos (8:13) y de granizo (9:25).

Moshé conoce sus limitaciones, y por esa razón cuando le pidieron que liderara al pueblo judío respondió: "No soy hombre de palabras… pues lerdo de habla y lerdo de lengua soy" (4:10). Quizás eso fue lo que impulsó sui liderazgo activo más que oral.

Sin embargo, Moshé no logró ver el significativo cambio en las circunstancias. En el primer incidente cuando golpeó la roca, él lideraba a una generación que había nacido en la esclavitud y la estaba emancipando como nación. Pero ahora las cosas eran diferentes. Ahora lideraba a sus descendientes, una nación emancipada, hacia la Tierra de Israel.

La generación previa había crecido respondiendo a los golpes físicos de la esclavitud. Por eso ellos respondían a lo que estaban acostumbrados: la expresión física. Pero la siguiente generación no había crecido en el mismo contexto. Ellos no estaban familiarizados y probablemente tampoco responderían bien a un liderazgo basado en actos físicos. Ellos estaban más sintonizados con un liderazgo conducido a través de expresiones verbales y razonamientos.

Bajo el liderazgo de Moshé, el pueblo judío se había transformado de ser una nación de esclavos a ser una nación de personas libres listas para entrar a la Tierra de Israel. Esta transición trascendental es un motivo importante en la parashá de esta semana. Cuando los judíos salieron de Egipto, sólo se describe su canto después de mencionar a su líder, Moshé: "Entonces Moshé y el pueblo cantaron" (15:1). Sin embargo, en este momento, cuando están a punto de entrar a la Tierra Prometida como una nación libre, cantan independientemente con orgullo: "Entonces cantó Israel" (Números 21:17). Mientras que en el pasado Moshé era quien enviaba mensajeros, con su nueva libertad e independencia, ahora el pueblo mismo envío mensajeros a Sijón (21:21) pidiendo permiso para viajar por su tierra. De manera similar, cuando Moshé envió espías, el pueblo participó activamente en la conquista de los amoritas (21:32).

Si Moshé no logró reconocer las necesidades de esta nueva generación, tan diferente, tal vez era necesario que surgiera un nuevo líder para esta etapa de desarrollo del pueblo judío. Moshé ayudó a construir la familia, pero Iehoshúa tuvo que llevarlos a casa.

Cuando cambia el contexto, las respuestas de quienes toman las decisiones deben evolucionar y adaptarse. Por lo tanto, es concebible que la incapacidad de Moshé de entrar a Israel no fuera un castigo, sino más bien una lamentable consecuencia de la realidad.

Cada uno debe crear su propio espacio personal en su vida para reinventarse a sí mismo cuando llegan diferentes etapas. Debemos comprender que lo que nos inspiró en el pasado puede no ser más efectivo hoy, y que la manera en que actuamos entonces no debe definir lo que somos ahora. El pasado debe utilizarse como un trampolín para el futuro, no como un espejo.