En la parashá de esta semana Dios envía un diluvio a fin de destruir el mundo. La gran pregunta es: ¿Qué tan terrible era la generación de Noaj como para merecer tal destrucción?

El Midrash comenta que, aunque aquella sociedad estaba colmada de corrupción y abusos, Dios no decretó el diluvio hasta que éstos se volvieron bien vistos a los ojos de la gente y se transformaron en algo legítimo. El hecho de que exista la inmoralidad es una cosa; pero cuando ésta gana la aprobación de la sociedad, revertir la situación es muy difícil. Para la generación de Noaj esto significaba reconstruir de cero.

En la sociedad actual, las empresas y los medios de comunicación están intentando constantemente ganar aceptación del público, ya sea en términos de moda, música, videojuegos o diferentes elecciones de estilos de vida. Lo que siempre me ha impresionado es cómo los padres de hoy están invariablemente asombrados por el nivel de permisibilidad que existe, al igual que sus propios padres lo estaban en la generación anterior.

Y continuamos empujando los límites; tanto que pareciera que en algún momento el individuo debiera preguntarse a sí mismo: ¿Acaso las cosas no han ido demasiado lejos?

Entonces, puedes tomarte unos minutos y contemplar las conductas negativas a tu alrededor, comportamientos que incluso tu mismo te sientes atraído a ellos. Pueden ser habladurías en la oficina de trabajo, un estilo de vestimenta inmodesto, o cierto nivel de violencia en las películas.

Pregúntate a ti mismo: ¿Hay algo que te molesta profundamente, que sientes que está mal?

Porque, en cierto punto, la excusa de que “todos lo hacen” ya no funciona.

Y eso es exactamente lo que le ocurrió a la generación del diluvio, del modo más desafortunado.

Entonces da un gran paso hacia la independencia: identifica cuál es tu punto de “no aceptación” y decide que ya has tenido demasiado y que ya no quieres ser más parte de eso.