Toda persona nace bajo un campo astrológico determinado; una corriente específica de energía que determina varios elementos de su vida como por ejemplo la personalidad, las circunstancias a su alrededor y su potencial. En hebreo se lo llama “mazal” cuya traducción literaria es: “una alineación de estrellas”. Pero puede significar también, “suerte”, como cuando le deseamos a alguien “Mazal Tov”.

El mazal de la persona está programado desde antes del nacimiento. Sin embargo, en la parshá Lej Lejá, Dios lleva a Abraham hacia afuera de su casa y le dice: “Intenta contar las estrellas”. En ese momento Dios cambió el nombre de Abraham y, metafóricamente, lo elevó por encima de las estrellas para realinear su destino.

¿Por qué Abraham mereció este tratamiento especial?

En aquel momento el sistema que prevalecía era la idolatría. Abraham pudo ver la falsedad de esta idea y se elevó a sí mismo por encima de las normas sociales existentes. Gracias a este acto de trascendencia, Dios respondió a favor de Abraham y lo elevó por encima de las normas naturales, “por sobre las estrellas”.

Esto estableció un principio para toda la eternidad: “el pueblo judío está por encima del “mazal”: no necesitamos aceptar el destino que marcan las estrellas. Y, por supuesto, la historia lo confirma: los judíos han podido sobrevivir a grandes imperios como el griego o el romano. Incluso en nuestros días los judíos en la Tierra de Israel han desafiado todas las probabilidades al subsistir en una tierra rodeada de enemigos.

Y más allá del nivel nacional, esta idea tiene una poderosa aplicación en nuestras vidas personales. El Talmud nos cuenta que la hija de Rabí Akiva estaba destinada a morir en el día de su casamiento. Durante el banquete festivo, la novia se sacó la tiara de su cabello y la clavó distraídamente en la pared, matando sin querer a una cobra asesina que estaba enroscada en la tiara, lista para morderla. Más tarde, cuando descubrieron a la cobra muerta y lo afortunada que fue la novia, le pidieron recordar los eventos del día. Ella relató que en medio de la fiesta notó unos mendigos afuera y salió de su casamiento para llevarles comida. ¡Un acto de increíble humanidad!

Aquí vemos este principio en acción: el acto sobrehumano de esta mujer la elevó sobre el sistema predestinado, modificando su destino y salvando su vida. Si nosotros aspiramos a esto, entonces, también lo podemos hacer.