La parashá Vaierá relata acerca de un ángel, disfrazado de viajero itinerante, que se presenta ante Abraham y Sara y les informa que finalmente tendrán un hijo. Esto significaba una gran sorpresa dado que ¡Abraham tenía 99 años de edad y Sara 90!

En respuesta a esta noticia desconcertante, Sara rió con incredulidad.

Najmánides considera que fue una equivocación que Sara riera. En lugar de reírse debería haber respondido “¡Amén!” o “¡que así sea!”. Porque cuando recibimos alguna bendición, no debemos tomarla a la ligera.

Este principio lo aprendemos de un incidente ocurrido con Rabí Ishmael, el gran sacerdote del Templo, quien ingresaba en el Santo Sanctorum en el día de Iom Kipur. Fue ahí donde Dios mismo, personalmente, le pidió una bendición a Rabí Ishmael. Su bendición fue: “Que Tu piedad (Dios) supere Tu rigor”. Esto nos demuestra que debemos apreciar las bendiciones de toda persona y no subestimarlas.

Entonces, ¿cuál es la respuesta apropiada cuando nos bendicen con buena salud o éxito? Debemos creer en el poder de cada ser humano de ser un conducto para recibir la bendición de Dios. Por eso decimos cordialmente: “Amén”. Y agregamos: “Lo mismo para usted”.