Al principio de la parashá Jaiei Sara, encontramos a Abraham en una situación extremadamente difícil. Él acababa de sobrepasar el enorme estrés de sujetar a su hijo Isaac en el altar a fin de sacrificarlo, seguido de la catarsis de la orden de Dios, de que finalmente no lo sacrificara.

Y para agregar a su estrés, Abraham retorna a su casa para ver que su amada esposa Sara había fallecido. Y para colmo, Abraham se ve obligado a comprar una parcela para enterrar a su esposa de Efrón, quien intenta tomar ventaja de él y le cobra una cifra exorbitante.

Esto es lo que llamamos “un mal día”. Abraham tiene todas las excusas del mundo para llegar al límite, perder la paciencia y agredir a Efrón.

Sin embargo, Abraham (dotado de bondad) se maneja con Efrón digna y honorablemente. Abraham entendió que a pesar de que él padecía un momento de sufrimiento, no tenía el derecho de hacer sufrir a otra persona.

El Talmud nos cuenta que Dios sometió a Abraham a 10 pruebas de carácter. Entendemos que estas pruebas estaban diseñadas para que Abraham actuara en contra de su inclinación natural hacia la bondad - con el fin de fortalecer su “punto débil”, la severidad. Por lo tanto, la última prueba fue la antítesis de la bondad; sacrificar a su hijo.

Sin embargo un comentarista, Rabeinu Iona, considera que comprar la parcela de tierra de Efrón - la prueba en la cual Abraham adquirió capacidades inhumanas de paciencia y bondad - fue la mayor prueba de todas.

La idea es que, para convertirse en una persona realmente grandiosa, además de trabajar en nuestras áreas débiles, no debemos olvidar reforzar nuestras fortalezas especiales también.