En la parashá Toldot, Isaac desea otorgar la bendición de la primogenitura a su hijo Esav. Rivka, sin embargo, sabía por inspiración divina que Esav no merecía esa posición y entonces disfrazó a su otro hijo con pieles (ya que Esav era velludo) para que éste recibiera la bendición en su lugar.

Luego, cuando Isaac descubre el “error” (que había bendecido a Yaacob) comenzó a temblar mucho. En ese momento Isaac temblaba mucho más que en el momento de la Akeidá, cuando estaba por ser sacrificado en el altar.

Rav Jaim Shmuelevitz explica el motivo por el cual Isaac tembló tan enérgicamente. Se debió a que Isaac se dio cuenta de que había juzgado a Esav por tantos años de manera incorrecta, considerándolo merecedor del liderazgo judío.

Tratemos de entender cuán chocante puede parecer esto. Imagina que vives en la Unión Soviética como un miembro del Partido Comunista a mediados del siglo 20. Lees volúmenes de la ideología Marxista, y crees fehacientemente en la propaganda de que el comunismo traerá finalmente la liberación de la humanidad. Pero luego el experimento comunista demuestra estar equivocado, y el Imperio Soviético cae en medio de una dominación del espíritu capitalista. ¿Cuán desilusionado estarías?

Y además, ¿estarías dispuesto a admitir que has estado equivocado todo este tiempo?

Todos nosotros, en algún momento, nos encontramos aferrados a una vieja postura, aún cuando sabemos que es incorrecta.

En esta parashá, Isaac entiende claramente que era la voluntad de Dios que Yaacob fuera el bendecido. A pesar de ser una persona mayor, Isaac estaba capacitado para hacer un cambio y para vivir acordemente con una nueva realidad.