La parashá Vaishlaj nos cuenta acerca de la lucha entre Yaakov y un ángel celestial, a quien luego Yaakov le hace una pregunta inusual: “¿Cuál es tu nombre?”.

Sforno, un gran comentarista que vivió en Italia en el siglo XVI, explica que este ángel representa al Ietzer Hará, la inclinación humana hacia conductas negativas.

El Ietzer Hará siempre desafía a la persona en las áreas en que ésta necesita mejorar. Entonces al preguntarle su nombre, Yaakov estaba preguntándole realmente: “¿En qué área estás desafiándome?”. Yaakov quería saber en qué aspecto debía perfeccionarse.

Y el ángel le responde lo siguiente: “No me preguntes mi nombre”.

Esta respuesta nos da una idea de cómo opera el Ietzer Hará: intenta evitar que encontremos la verdad.

Pero podemos analizar la respuesta del Ietzer Hará más profundamente. Al decir “No tengo ningún nombre, no soy nada” entendemos que la tendencia humana hacia conductas negativas, es de hecho una ilusión.

Esto nos enseña una lección importante para nuestras vidas. Cuando nos esforzamos por hacer las cosas bien, por ejemplo no engañar o criticar a los demás, y escuchamos esa pequeña voz que intenta disuadirnos; en ese momento es cuando debemos recordar que el Ietzer Hará “no tiene ningún nombre” y que es tan sólo un engaño que podemos superar e ignorar.

Lo podemos ilustrar con una historia del Jafetz Jaim quien, una invernal mañana, pretendía levantarse de su cama y el Iezter Hará le dijo: “Quédate en la cama, eres un hombre mayor”. La respuesta del Jafetz Jaim fue saltar de la cama y replicarle: “Eso puede ser cierto, ¡pero tú eres aún mayor y ya estás en pie!”.