La parashá Miketz cuenta acerca del sueño de Paró, el Faraón egipcio, sobre las siete vacas y las siete gavillas. Los consejeros del Faraón intentaron interpretar el sueño sugiriendo que sus siete hijas morirían o que siete imperios se rebelarían.

Sin embargo, el Faraón rechazó estas interpretaciones ya que le parecían incorrectas. Pero, ¿cómo sabía él que eran incorrectas? El Faraón, de hecho, había soñado la interpretación de sus sueños y luego la había olvidado. El verso sugiere esto al decir que nadie podía “interpretar para el Faraón”.

Esto nos enseña una importante lección para la vida. No es posible convencer a nadie de nada; lo que sí se puede hacer, es acercar a una persona a una profunda verdad que ya conoce de antemano. Ya que escondida en la esquina más lejana de nuestra memoria, reposa una conciencia innata, una sabiduría natural que Dios dispuso en cada ser humano. Esto ayuda a explicar cómo podemos reconocer el mal cuando nos encontramos frente a él, o porqué la intuición de una persona generalmente resulta cierta.

Pero la intuición no es suficiente. Es el deber de padres y profesores desarrollar este conocimiento de Dios y transformarlo en algo consciente.

Este concepto aparece nuevamente en la parashá. Iosef reveló su identidad a sus hermanos sólo después de que ellos reconocieron su error de haberlo vendido 22 años atrás. Iosef descubrió una clave principal en educación: darse cuenta de algo uno mismo es cien veces mejor a que te lo enseñe otro.

Entonces, al buscar soluciones en la vida, estate alerta de aquellos que quieren imponer su posición sobre la tuya, y encuentra un mentor que te ayude… que te ayude a descubrirte a ti mismo.