La parashá Beshalaj cuenta acerca de los judíos saliendo de Egipto y dirigiéndose hacia el desierto, cuando, de repente, encuentran al Faraón y a sus tropas persiguiéndolos. Los judíos se asustan y exclaman: “¡Hubiésemos preferido seguir siendo esclavos en Egipto!”.

Esta es una declaración sorprendente: los judíos habían sido sometidos a 210 años de trabajo forzado y esclavitud. ¿De qué forma podría ser preferible aquella situación ante la libertad que ahora gozaban?

La respuesta es que la esclavitud tiene una sola gran ventaja: despreocupación. Los egipcios proveían a los judíos de las necesidades básicas (comida y refugio). Los judíos no debían tomar ninguna decisión acerca de qué hacer durante el día, o qué logros alcanzar.

Es interesante resaltar que en hebreo la palabra Egipto, “Mitrzaim” es similar a “mitzar”, que significa un espacio angosto. En cierto nivel, los judíos preferían un ambiente confinado en lugar de la libertad - que siempre viene acompañada de una gran responsabilidad. A veces la caja más pequeña es la que nos hace sentir más seguros.

De hecho, toda transición puede generar miedo, por ejemplo casarse, comenzar un nuevo trabajo, o mudarse de país. También dicen que un bebé en el vientre está atemorizado de lo que le espera del otro lado.

En última instancia, debemos luchar contra la comodidad de no tener que tomar decisiones, o nunca avanzaremos en nuestras vidas. Si tienes dificultad en tomar una decisión, pregúntate: “¿Qué es lo peor que puede pasar?” y “Dentro de 10 años, ¿estaré arrepentido de no haber tomado esta decisión?”.

En esta parashá el mar finalmente se abre y los judíos caminan a través de él hacia la libertad. Y en ese momento estallan en cánticos de alegría, no sólo por haber ganado la batalla en contra de los egipcios, sino que más aún, por haber conquistado sus propios miedos que los paralizaban.