Al comienzo de la parashá Tzav se describe cómo, cada mañana en el Templo de Jerusalem, uno de los cohanim (sacerdotes) sacaba las cenizas que se habían acumulado durante la noche en el altar.

El Talmud explica que los cohanim peleaban, literalmente, por la oportunidad de remover las cenizas en la mañana. Incluso hacían una carrera por la rampa del altar para ver quién las sacaba primero.

Esto ilustra el gran deseo de los cohanim de servir a Dios - ¡Ellos literalmente se peleaban para limpiar aquel espacio! (Si tan solo yo pudiera convencer a mis hijos de que ordenen su habitación…)

El Talmud continúa describiendo que cierta vez, dos cohanim corrieron por la rampa y uno de ellos empujó al otro provocando que éste cayera y se rompiera su pierna. Estos incidentes eran frecuentes, lo cual obligó a la corte a establecer un sistema de lotería más pacífico para decidir qué cohen sacaría las cenizas de la mañana.

Por un lado, el entusiasmo de los cohanim era, sin duda, loable. Pero por el otro lado, el modo en el que ese entusiasmo se expresaba representaba una deshonra del Templo Sagrado de Dios.

Existe un principio en el judaísmo denominado “Derej eretz kadmá laTorá” que significa que el buen comportamiento es un pre-requisito para la Torá. Es inaceptable que alguien sea grosero con otros y afirme ser un devoto servidor de Dios.

Entonces la próxima vez que te obstaculicen en el tráfico recuerda: cada ser humano fue creado a imagen de Dios, y respetar al otro es uno de los mejores modos de demostrar respeto a Dios.