La parashá Shminí describe la inauguración del Tabernáculo, el santuario portátil que acompañó al pueblo judío durante sus 40 años de vagar por el desierto. Durante los primeros siete días, Moisés realizaría el santo servicio, y luego en el octavo y último día de la inauguración, su hermano Aaron asumiría el control como el Sumo Sacerdote oficial.

Todo estaba listo, y las instrucciones para Aaron eran claras: Él debía dar un paso adelante y comenzar el servicio. Sin embargo, extrañamente, Moisés tuvo que alentar a Aaron en tres ocasiones diferentes.

¿Cuál fue la causa de la vacilación de Aaron?

Los comentaristas explican que dado que Aaron había ayudado a construir el becerro de oro, él se sentía indigno de la posición de Sumo Sacerdote.

De hecho, mientras él estaba allí de pie en el Tabernáculo, las cuatro esquinas del altar aparecieron en los ojos de Aaron como los cuernos de un buey. El recuerdo negativo del becerro de oro pesaba tanto en su mente que la imagen del becerro se le apareció – en las esquinas del altar – como un buey, en plena madurez.

Entonces Moisés, en su gran sabiduría, le explicó a Aaron lo siguiente: Lo entendiste todo al revés. ¡Es precisamente porque tu conciencia te molesta que fuiste elegido para el importante rol de Sumo Sacerdote! No hay esperanza para alguien que no se arrepiente de su pasado negativo. Pero tú, Aaron, cuya mínima participación en el becerro de oro fue sólo con buenas intenciones – y sin embargo sigues estando preocupado – eres exactamente la persona que Dios quiere que sirva como Sumo Sacerdote.

Podemos trasladar esta idea a nuestras propias vidas. Cuando nos damos cuenta de que hemos cometido un error, es bueno que lo lamentemos, y luego, que utilicemos eso como una experiencia de aprendizaje – así como lo hizo Aaron – para avanzar con humildad hacia el futuro.