La temática de la parashá Bejukotai es “Tojajá” – una serie de predicciones devastadoras de lo que le ocurriría al pueblo judío a lo largo de su historia: exilio, antisemitismo, persecuciones y demás.

Sin embargo sabemos que Dios nos ama y que nunca nos castiga sin dejar de añadir una pizca de amor. No nos sorprende, entonces, que estas “predicciones fatales” contengan también bendiciones ocultas.

Por ejemplo en Levítico 26:33, Dios declara que “los dispersaré entre las naciones”. Esto contiene una bendición oculta ya que, si el pueblo judío se encuentra dividido geográficamente, cuando una parte sufre una persecución, la otra puede continuar.

Además, Levítico 26:22, dice que cuando los judíos estén exiliados “la Tierra (de Israel) estará desolada”. Esto es una bendición también ya que a lo largo de los milenios, diferentes imperios ocuparon la Tierra, e incontables guerras se desataron por su posesión, y sorprendentemente ningún conquistador logró asentarse en Israel de forma permanente o logró hacer que el desierto floreciera. Esto, por supuesto, facilitó el retorno del pueblo judío en el siglo 20, y el consecuente asentamiento en su patria: una bendición oculta.

Dios nos ama muy profundamente, y nos da la seguridad de que a lo largo de la vida, cada nube tendrá un rayo de luz.