La parashá Bamidbar comienza con el censo del pueblo judío.

Equivocadamente, podríamos pensar que esto reduce a las personas a un simple “número”, pero la realidad es que el censo demuestra que cada judío es importante. Los cabalistas resaltan que así como 600.000 almas judías se pararon frente al Monte Sinaí para recibir la Torá, así también, hay 600.000 letras en un rollo de la Torá (incluidos los espacios en blanco entre las letras). Y así como un rollo de Torá es inválido si falta tan solo una letra, del mismo modo el pueblo judío necesita que todos y cada uno de nosotros trabajemos en conjunto.

Sin embargo, si cada judío es tan importante, ¿por qué esta parashá continúa entonces con la descripción del rol especial asignado a la tribu de Levi? ¿Acaso no es esto discriminatorio? ¿Únicamente por haber nacido así un levita es hereditariamente “mejor” que un no levita?

La verdad es que cada uno es importante por igual. Obviamente algunas personas nacen más inteligentes, o con más talento en un área que en otra. Pero eso no hace que la persona sea “mejor”.

La clave para vivir en armonía es que cada uno alcance su máximo potencial y que acepte que los demás son igualmente valiosos.

Se cuenta una historia acerca de un gran sabio de Jerusalem, el rabino Shlomo Zalman Auerbaj, quien cierta tarde pidió a su congregación que esperaran a que llegara el barrendero de la calle para comenzar con los rezos. El rabino Auerbaj explicó: “Este hombre dedica todo su tiempo a embellecer las calles de Jerusalem. ¡Desearía que mi propio trabajo fuera hecho con intenciones tan puras!

Entonces, antes de mirar con desprecio a otra persona, recordemos que cada ser humano tiene una gran contribución para hacer. Y recordemos que en la vida, lo único que realmente podemos adquirir es un buen nombre.