La parashá Balak cuenta acerca del encuentro entre el pueblo judío y los moabitas. El rey de Moab quería robustecer la fuerza de su país y para eso contrató a un espiritista llamado Bilaam a fin de maldecir al pueblo judío.

La pregunta es: ¿Por qué el rey de Moab, acorde con su deseo de ser más fuerte, no pidió una bendición para los moabitas? ¿Por qué decidió que Bilaam maldijera a los judíos en cambio?

A modo de respuesta podemos ver que en el mundo existen dos formas de superación. Una es mejorarnos a nosotros mismos, lo cual requiere esfuerzo y disciplina. La otra forma es rebajar a los demás.

Todos ya lo hemos experimentado en carne propia: un miembro del equipo de trabajo siente una falta de reconocimiento. Entonces procede a minimizar los logros ajenos de tal modo que, en comparación, se eleva a sí mismo.

Curiosamente, podemos encontrar esta misma dinámica en la raíz del antisemitismo. Antes de que fuera entregada la Torá, las personas habían construido sus vidas en base a conceptos subjetivos de bien y mal. Pero, en el Monte Sinaí, se hizo evidente que hay un solo Dios que determina las normas morales de la humanidad.

Y así los judíos se convirtieron en un pararrayos para aquellos que se oponen al mensaje moral. Podemos compararlo con un colegio en el cual todos los niños tiran bolitas de papel, excepto por un niño. Los demás niños, a fin de evitar la evidencia de su mala conducta, tienen dos opciones: dejar de arrojar las pelotitas o dañar al otro niño.

El Talmud resalta que la palabra Sinaí está relacionada con siná, en hebreo, odio. En otras palabras, la misma fuente de moralidad, Sinaí, provoca un gran odio en aquellos que se oponen a su mensaje. Sorprendentemente, el malvado Hitler dio este argumento para perseguir a los judíos, diciendo: “Estoy liberando a la humanidad de las restricciones de la conciencia y la moral”.

Hacia el final de la parashá Balak, los moabitas conducen a los judíos hacia actos de idolatría y promiscuidad. Los moabitas consiguieron finalmente su propósito. Los elevados judíos disminuyeron su nivel de fortaleza, permitiéndole a los moabitas igualárseles.