La parashá de esta semana describe cómo Aarón, el Sumo Sacerdote, encendía la Menorá diariamente en el Tabernáculo. El versículo enfatiza que “Aarón actuó tal como le fue ordenado” (Números 8:3). Los comentaristas resaltan que esto es un halago especial para Aarón, ya que él no se desvió del modo prescrito para encender la Menorá.

Sin embargo, esta explicación suena difícil de entender. ¿Por qué pensaríamos que un hombre tan grandioso como Aarón tendría inclinaciones de encender la Menorá de un modo inapropiado?

Najmánides argumenta que el halago fue porque a pesar de que aquel trabajo podría haber sido delegado a otro, Aarón lo hizo personalmente durante los 40 años en el desierto.

El Sfat-Emet dice que además de esto, Aarón encendía la Menorá día tras día con el mismo nivel de entusiasmo. La misma labor parecía frente a sus ojos como nueva cada día. ¡Ahora sí es realmente merecedor de un halago!

Piensa acerca de tu propia vida. Todos tenemos tareas que realizamos diariamente: encuentros con clientes, cena con la familia, incluso recitar el Shemá. La pregunta es: ¿Acaso no caemos en un hábito rutinario, en el cual la alegría y el significado se disipan en un mero torbellino de movimientos automatizados?

Esta es la solución para superar esta monotonía.

Descubre qué cosas te entusiasman. Enumera los momentos de tu vida de mayor exaltación. Y, por una semana, lleva un registro de cada momento entusiasta que tengas.

Estos ejercicios te ayudarán a ser más consciente de tu entusiasmo. Podrás nutrirlo y transformarlo en una parte integral de ti mismo.

Si continuas practicando estos ejercicios tranquilamente, con el tiempo serás capaz de elegir conscientemente un estado de entusiasmo, y podrás beneficiarte de su energía positiva. Tal como lo hizo Aarón, al encender la Menorá de oro, día tras día.