La parashá Jukat habla acerca de la Pará Adumá, la Vaca Roja que era utilizada en la época del Sagrado Templo. Las cenizas de la Vaca Roja representaban una gran paradoja: las cenizas podían purificar a alguien impuro, pero tenían también el efecto contrario: si alguien se encontraba en un estado de pureza las cenizas lo hacían impuro.

El Rey Salomón afirmó que podía encontrar la lógica detrás de todos los preceptos de la Torá, excepto este. De aquí Salomón dedujo: Si bien podemos tratar de descubrir el motivo de las mitzvot, el motivo final es que las hacemos “porque Dios lo dijo”.

Si es así, podríamos preguntarnos, por qué tantas mitzvot tienen un beneficio evidente; como por ejemplo la recarga semanal que Shabat nos provee, o las lecciones de disciplina que obtenemos al cuidar cashrut.

De hecho, podemos hacer la misma pregunta respecto a nuestra salud física. Por ejemplo, entendemos que nuestro cuerpo necesita vitamina C pero, ¿por qué Dios introdujo la vitamina C dentro de las deliciosas naranjas? ¿Por qué Dios no creó simplemente pastillas con vitamina C, o las insertó dentro de algo sin sabor como la avena?

La respuesta es que Dios nos creó con una necesidad de sentido y satisfacción. Entonces, al ser la vitamina C un requerimiento esencial, Dios nos la quiso dar de la forma más placentera posible. El sabor de las naranjas es una gran razón para comer naranjas, ¡pero no la verdadera!

Lo mismo ocurre con nuestra salud espiritual. A pesar de que disfrutamos de los beneficios prácticos de las mitzvot, la verdadera razón por la cual las observamos es porque “Dios lo dijo”. Al hacer esto elevamos nuestra relación con Dios a un nivel mucho mayor de amor y compromiso. Y al final de cuentas, es el mejor motivo que puede existir.