En la parashá Shlaj, Moisés envía a 12 hombres a espiar la tierra de Israel. Ellos retornan con la conclusión de que no es posible vencer a los Canaanitas nativos que viven en la tierra.

Los comentaristas señalan que Moisés envió a los espías para responder la interrogante de cómo conquistar la tierra – no para decidir “si era posible hacerlo o no”. ¿Qué fue lo que salió mal?

Para ayudar a descifrar este enigma, preguntémonos a continuación cuál de las siguientes afirmaciones es más certera:

“Yo sí puedo ganar”

O:

“Yo no puedo ganar”

A simple vista la afirmación de que “no puedo” suena más real. Porque realmente no podemos hacer nada de manera independiente. ¡Es sólo gracias a Dios que podemos despertarnos por la mañana y atarnos los zapatos!

Pero en un nivel más profundo, la declaración de que “sí puedo” es más exacta. Porque si entendemos que todo es un regalo de Dios, entonces entendemos que no existe límite alguno para lo que podemos hacer. Dios es literalmente “todo-poderoso”. Si somos conscientes de que Dios está detrás de nosotros, apoyándonos constantemente, no existe motivo real para el “no puedo”.

El Talmud dice: “No se te pide que termines el trabajo; pero sí que hagas tu mejor esfuerzo”. Ese era el tipo de esfuerzo que Dios esperaba de los espías. ¿El trabajo parece imposible? ¿Piensas que no puedes hacerlo? ¡Eso es porque estás pensando en chico, en finito, estás pensando en base a tu propio poder independiente!

Antes de mandar a los 12 espías, Moisés agregó la letra hebrea “yud” al nombre de Yehoshua. Yud es la primera letra del nombre de Dios. La idea de esto era que la yud fuera un recordatorio para los demás espías – cada vez que mencionaran el nombre de Yehoshua – de que Dios estaba con ellos.