El profeta Isaías se refiere al pueblo judío como una “luz para las naciones”, y no es ningún secreto que los judíos han influenciado positivamente al mundo. Tal como Mark Twain escribió de los judíos:

Sus contribuciones a la lista de grandes nombres en el mundo en literatura, ciencia, arte, música, finanzas, medicina y estudios complejos, también se encuentra fuera de proporción con respecto a su bajo número”.

Piénsalo. Una cosa es decir que un gran pueblo tendrá gran influencia, pero nunca predeciríamos esto de una nación que es tan “pequeña en número”. Esta dicotomía desafía toda norma sociológica.

Y lo que es más sorprendente aún: Esta “gran influencia de una pequeña minoría” está predicha en esta parashá (Deuteronomio 4:27), la cual declara:

Y serán pocos en número entre las naciones donde Dios los conducirá”.

De hecho, la historia judía nunca ha ido acorde a las reglas. Hace dos mil años, el día 9 del mes de Av (Tishá B’Av), el poderoso imperio romano destruyó el Templo Sagrado y exilió a los judíos de su tierra. Si le hubieras dicho a cualquier persona en ese momento: “Te apuesto que el pueblo judío sobrevivirá más que el imperio romano”, ¿cuántas probabilidades crees que habrías tenido a tu favor? ¿Una en un millón?

Pero aquí estamos, 2.000 años más tarde, prosperando en nuestra tierra. ¿Cuál es el secreto de los judíos?