Esta parashá cuenta cómo Moisés, en su último día de vida, reunió a toda la nación judía y les presentó un nuevo nivel del pacto con Dios. Desde ese momento en adelante, cada uno sería responsable no sólo por sus propios actos, sino también por los de los demás.

Este aspecto de responsabilidad mutua es lo que nos convierte en una nación en lugar de ser tan sólo un grupo de individuos.

Obviamente, el mayor grado de responsabilidad recae sobre aquellos que son más entendidos. Si una persona se está desangrando en la calle y pasan por su lado un doctor y un jardinero, ¿quién tiene mayor obligación de ayudar? Por supuesto que el doctor. Lo mismo corresponde en materia espiritual.

Se cuenta una historia de un hombre muy religioso que murió y fue llevado a juicio ante la corte celestial. La corte procedió a enumerar sus méritos y luego sus transgresiones, que incluían comer cerdo. “Pero yo nunca he comido cerdo en toda mi vida”, exclamó el hombre.

“Tiene razón”, declaró la corte celestial. “Pero su vecino ha comido cerdo y usted nunca se acercó a reprenderlo. Por eso usted carga con la responsabilidad como si lo hubiera comido”.

Obviamente, la reprimenda debe ser hecha de modo tal que no empeore la situación, o que cree tensión y resentimiento.

Sin embargo, la implicancia es que no podemos llevar una vida llena de privaciones y decir: “¡Déjenme tranquilo, yo no estoy molestando a nadie!”. Porque la idea de responsabilidad mutua significa que las acciones de todos influyen sobre la salud espiritual de los demás.

Esta idea encuentra su expresión mas clara en las Altas Fiestas, donde cada individuo – y el mundo entero – son llevados a juicio. Como escribe Maimónides:

Cada persona debe verse a sí misma como mitad meritoria y mitad culpable; y similarmente debe ver al mundo como mitad meritorio, mitad culpable. Entonces, una buena acción, o una transgresión pueden cambiar el equilibrio de todo el mundo.

Tengamos esto en cuenta, y que seamos escritos y sellados para un buen año.