La parashá Vaietzé nos cuenta cómo Jacob trabajó durante siete años para casarse con su amada Rajel. Pero a último minuto el padre de ésta envió a Lea a la jupa, la hermana mayor de Rajel, bajo un velo de novia opaco, engañando así a Jacob.

Al día siguiente Jacob se irritó al descubrir la trampa que le fue tendida y enfrentó a Labán, quien le dijo que casar a su hija más joven, Rajel, antes que a la mayor, era considerado mala educación.

¡Esto es un acto vergonzoso! Labán engañó a Jacob luego del trabajo de siete años de su vida y ahora la excusa que presenta es una “violación a las leyes de buena conducta”, para justificar sus acciones.

Evaluemos nuestra propia sociedad y a nosotros mismos a ver si a veces también perdemos la perspectiva sobre la diferencia entre un grave crimen moral y una falta de educación. ¿Estamos acaso resignados, o incluso aceptamos sin problema, a alguien que engaña en el comercio o a su propia esposa? Pero, ¡cuidado si esa persona se nos adelanta en la fila del banco, o peor (el peor de todos los delitos) si fuma en espacios públicos!

Recuerdo una película sobre la Alemania Nazi, que mostraba un campo donde adolescentes eran entrenados para matar judíos con sus propias manos. No obstante, cuando se sentaban a comer en el comedor, un oficial Nazi gritaba: “¡Sin migajas! ¡Sin migajas!”.

Entonces, la próxima vez que veamos a alguien haciendo algo que nos parece ofensivo, preguntémonos: ¿Es esto un grave crimen moral, o tan sólo un comportamiento mal educado? Y mantengamos la perspectiva.