Nadie en toda la Torá es presentado con elogios tan brillantes como Noaj. Él es un verdadero “hombre”, es recto, puro y camina junto a Dios. En tres ocasiones diferentes en el relato del Diluvio, la Torá nos cuenta que Noaj hizo “exactamente lo que Dios le ordenó”.

Y sin embargo podemos preguntar ¿Quién es Noaj? ¿Cuál es su importancia? En la mitad de la parashá de esta semana leemos que éste vivió 350 años después del diluvio y listo. Noaj desaparece de la historia tan rápido como apareció. No es como Abraham, el primer judío, a quien la Torá le dedica cuatro porciones semanales, y obviamente tampoco es como Moshé, quien aparece en la mayor parte de la Torá.

¿Dónde se equivocó Noaj? ¿Qué lo diferencia de un hombre como Abraham?

Creo que la respuesta reside precisamente en la frase que dice que Noaj actuó “exactamente como Dios le ordenó”. Dios se acerca a Noaj y le dice que está a punto de destruir a toda la humanidad y que debe construir un arca para salvarse. Noaj no lo piensa dos vece. “Sí Señor. Un arca. A la orden”.

¿Notas algo extraño? Dios dice que está por destruir el mundo entero y Noaj no reacciona. Simplemente va y construye el arca.

Cuando Abraham se enteró de que Dios planeaba destruir Sodoma y Gomorra, peleó con todas sus fuerzas para defender a sus habitantes. Dios no le dijo que hiciera eso, pero tampoco necesitaba hacerlo. Abraham confiaba en lo qué creía y tomó la iniciativa.

A diferencia de Abraham, Noaj fue muy condescendiente. Y Dios no quiere condescendencia. Si hubiera querido robots, fácilmente los hubiera creado. Pero en su lugar, nos creó a nosotros los seres humanos, con sentimientos, pensamientos e ideas. Dios creó la independencia para que hagamos uso de ella, no para que la reprimamos. Abraham luchó por lo que creía correcto, Noaj no tuvo ninguna opinión. Él sólo siguió a Dios.

Ahora bien, seguir a Dios no está mal. Pero a veces, de hecho muy seguido, no es suficiente. Las leyes de Dios representan una estructura sobre la cual podemos construir, no una jaula para vivir.

La palabra Noaj en hebreo significa “descanso”, casi intransigencia. Él tomó el camino fácil de “seguir a ciegas”, no el desafiante sendero del liderazgo que tomaron Abraham y Moshé. Es por eso que la Torá lo olvida tan rápidamente. Los robots son mucho menos interesantes que las personas.