Si observamos cuidadosamente lo que ocurre cuando Abraham recibe a sus invitados notaremos que hay una gran discrepancia entre lo que les ofrece y lo que realmente hace. Les prometió poca comida y luego les sirvió un banquete de reyes.

Nuestros sabios nos enseñan que su conducta ilustra un principio muy importante: “habla poco y haz mucho”. ¿Por qué es tan importante este principio?

Creo que la respuesta reside en el poder del habla. El habla tiene la facultad de hacer de lo intangible algo tangible. Las ideas son abstractas, pero al hablarlas se tornan más concretas. Hay muchísima diferencia entre pensar algo y decirlo. Un voto verbal contiene mucho más poder que un compromiso tomado en el pensamiento.

Dado que la palabra tiene la habilidad de hacer más tangibles las ideas, existe consecuentemente un riesgo potencial. Todo quien hace negocios sabe que una de las técnicas más utilizadas por la gente para evitar hacer cosas es tener reuniones. Al tener muchas reuniones la gente siente que está haciendo algo, cuando de hecho, simplemente están hablando sobre hacer algo.

Las conversaciones pueden hacernos sentir muy realizados. Hablamos sobre qué vamos a hacer y cómo vamos a hacerlo, y eso nos da un sentimiento de haber logrado algo; ese sentimiento por lo general es tan fuerte que luego ¡ni siquiera debemos llevarlo a la práctica! Es una trampa en la que es muy fácil caer. Podemos hablar todo el día y alegrarnos en la noche por las grandiosas ideas que surgieron. Éstas no han sido concretadas, pero está bien, encontraremos ideas más grandiosas para discutir mañana.

Por eso nuestros sabios recomiendan “habla poco y haz mucho”. Menos reuniones, más acción. La intención no es eliminar la adecuada y efectiva planificación; solamente nos están diciendo que no permitamos que el planear se convierta en nuestro modo de actuar. No permitamos que los medios nos convenzan de que estamos alcanzando el fin.

Generalmente los que más hablan son los que menos hacen. Necesitan la palabra para compensar la falta de acción. Y usualmente quienes logran muchas cosas son quienes menos hablan sobre lo que planean hacer – porque están ocupados haciéndolo.

Abraham no hizo grandes promesas. Pero les proveyó mejor hospitalidad que un hotel de cinco estrellas. Dejemos de prometer cosas a otros y a nosotros mismos y ¡empecemos a hacerlas!