Cuando Abraham envió a Eliezer a buscar una esposa para su hijo Itzjak, su único criterio fue que buscara una mujer de la familia de Abraham. La Mishná nos comenta algo similar: “Que no te distraiga la belleza, mira la familia”.

Siempre me interesó el hecho de que la familia fuese un criterio en la elección de la pareja. Entendería elegir según el carácter, los valores en común, o incluso quizás según la personalidad. ¿Pero por qué la familia? Obviamente debemos juzgar a las personas por quiénes son, ¡no por la familia a la cual pertenecen!

Déjenme explicarles primero cómo creo que esto es por lo general entendido de forma errónea. Me parece que se suele mirar éste asunto desde un punto de vista elitista: hay gente que considera que ciertas familias no son lo suficientemente buenas como para que sus hijos se casen con un integrante de ellas. Sin embargo, esto no es lo que la Torá nos está diciendo; eso es simplemente una arrogancia tonta.

Creo que el mensaje de la Torá es el siguiente: Las familias sanas generalmente producen niños sanos. Es una ecuación simple; si los chicos crecen en un ambiente estable, cálido y que les brinda apoyo, probablemente se convertirán en adultos sanos emocionalmente. Y si crecen en un hogar con conflictos e inestabilidad, seguramente deberán esforzarse mucho para lidiar con los desafíos de la vida. Por supuesto siempre existe el libre albedrio; los huevos podridos pueden provenir de las mejores familias y pueden brillar estrellas que provengan de las peores familias. Abraham, cuyo padre era dueño de una tienda de objetos de idolatría, es el clásico ejemplo de esto último.

Entonces, una regla útil para chequear al momento de buscar pareja es evaluar a la familia. Si viene de un contexto familiar disfuncional, estate atento a los problemas que puedan existir. Pero si viene de un hogar sano, siéntete alentado. A fin de cuentas deberás juzgar a la persona por quien es, pero los antecedentes familiares pueden servirte de guía y ayuda en el proceso.

La familia es un factor sumamente importante en el desarrollo de un niño. Los padres tienen gran influencia sobre quién será su hijo, lo cual es una gran responsabilidad. Mi primera esposa, Elana que en paz descanse, solía decir que lo mejor que se le puede dar a un niño son padres felizmente casados. Padres felices que están contentos el uno con el otro por lo general educarán niños felices. Un hogar feliz es un ambiente ideal en el cual crecer.