A continuación del tema de la semana pasada, esta porción semanal trata acerca de las consecuencias del habla negativa - del lashón hará.

“Palos y piedras podrán romper mis huesos, mas las palabras nunca me afectarán”. Quienquiera que sea el autor de esta frase debe ser ingenuo o sordo. Porque pese a que intentamos enseñarles a nuestros hijos que las palabras ajenas no deben afectarlos, la realidad es que las palabras pueden herir más que los palos y las piedras. El daño causado por palos y piedras es por lo general temporal, mientras que el daño causado con palabras suele ser eterno.

Cuando alguien te golpea, está expresando su desprecio respecto a tu condición de humano de un modo muy superficial y cruel. Lo que él está diciendo es que tú eres un objeto, no una persona. Ésta es una especie de violación. Pero las palabras, sin embargo, pueden expresar aquel desprecio de un modo mucho más elocuente, por lo cual el efecto es mucho más profundo. Cuando hablas mal acerca de otra persona, es un ataque mucho más personal y mordaz, que va dirigido directamente hacia la esencia de su individualidad. ¡Auch!

Además de esto, nuestros sabios sentenciaron que quien habla lashón hará está renegando a Dios. Obviamente hablar mal de alguien es un acto aborrecible, pero decir que está negando a Dios pareciera ser una afirmación demasiado dura. A continuación les presento una explicación que escuché de uno de mis alumnos, la cual nos puede ayudar a comprender mejor esto último.

Todo ser humano es creado a imagen y semejanza de Dios. Ninguno de nosotros es inherentemente más o menos divino que los demás. Todos nosotros somos divinos, independientemente de lo que hagamos. La pregunta es si actuamos de un modo divino o no. El concepto judío es que a pesar de que una persona haga el mal, su esencia sigue siendo buena. Cuando uno reconoce esto, puede comenzar a apreciar la bondad, grandiosidad y potencial ilimitado que tienen las personas que nos rodean.

Asimismo, todos los seres humanos cometemos errores. Somos divinos, pero no somos Dios. Sólo Él es perfecto.

Cuando uno habla lashón hará, se está centrando en la mala conducta de la gente. Dios creó un mundo de almas elevadas y espirituales, y nosotros, en nuestra mente y con nuestras palabras, lo convertimos en un mundo de gente pequeña y mezquina. Contemplamos la obra más preciada de Dios, el ser humano, que fue creado a Su imagen y semejanza, y no notamos la divinidad que existe en él.

Si deseamos ver a Dios a nuestro alrededor, Él siempre estará a la vista. Y al mismo tiempo, si optamos por ignorar a Dios, veremos lo negativo, lo cual nos conducirá a hablar lashón hará.

Cuando miramos las cosas desde esta perspectiva, podemos entender por qué hay pocas cosas que son consideradas peores para el judaísmo que el habla negativa acerca de otros. La próxima vez que sientas ganas de hacerlo, tómate un momento para reflexionar cuán indecoroso es que un alma digna se rebaje a esto. Simplemente no vale la pena.