En la parashá de esta semana aprendemos sobre la persona que toma un voto de ser Nazareo y que por lo tanto se debe abstener del vino. La Torá no recomienda hacer esto. Privarse de cualquier placer permitido de este mundo representa una negación de la bondad de Dios. Sin embargo, si una persona tomó el voto, está obligada a cumplirlo.

Al tomar este compromiso, la Torá determina que no sólo deberá abstenerse del vino, sino que también de las uvas, pasas de uva, e incluso de las semillas y la piel de las uvas. ¿Por qué?

La intención no es agregar dificultades innecesarias. Más bien, lo que intenta hacer la Torá es crear un cerco para proteger al nazareo de no transgredir su propio voto. El vino es una tentación muy grande. Si se le prohíbe comer incluso la piel de la uva, es poco probable que termine tomando vino.

Aprendemos de ello la importancia de crear cercos para proteger nuestro bienestar espiritual. Nuestros sabios impusieron muchos cercos para nosotros, pero sugieren que nosotros también debemos crear nuestros propios cercos.

Cuando nos referimos al mundo material, es fácil establecer cercos y cuidar nuestras pertenecías. A fin de preservar nuestro dinero, no hay mejor lugar que un banco. También construimos cercos contra las cosas que nos pueden dañar: marcamos y guardamos bien las botellas con tóxicos y sus tapas son difíciles de abrir. Si alguna vez has visitado las Alturas del Golán, seguramente habrás visto áreas limitadas por sospecha de existencia de minas. No quisiéramos a nadie rondando por ahí.

Desafortunadamente, no siempre somos tan cuidadosos respecto a nuestras posesiones espirituales. ¿Creamos cercos que nos permitan crecer espiritualmente, o al menos que nos eviten caer? ¿Creamos cercos que nos ayuden a pasar suficiente tiempo con nuestras familias y que nos ayuden a no caer en la trampa de “vivir para trabajar” en vez de “trabajar para vivir”? ¿Creamos cercos que nos ayuden a vivir en el nivel moral que aspiramos alcanzar?

Luego de volver del trabajo, intenta pasar la primera media hora con tu familia. Ese es un buen cerco, ya que si no cumples con esto, luego te quedarás pensando en la cama sobre dónde se ha ido el tiempo que pensabas dedicarle a tu familia. También puedes tomarte media hora por mes para recordarte exactamente por qué vives y asegurarte de estar bien encaminado.

Hay tantos cercos que serían beneficiosos si tan sólo nos tomáramos la molestia de establecerlos.

Todos tenemos un tesoro espiritual gigante, el cual puede desaparecer lentamente si no lo cercamos apropiadamente. Existen muchísimos tóxicos espirituales. Si no los mantenemos en botellas bien marcadas, podríamos tomar alguno de ellos sin darnos cuenta. Construir un cerco es el mejor modo de proteger lo que tenemos. Si no lo hacemos, estaremos corriendo un gran riesgo.