La parashá de esta semana presenta una interesante combinación de temas, ya que incluye tanto el servicio del Templo que se realiza en el día más santo del año, Iom Kipur, como las leyes referentes a la inmoralidad sexual. La lección que aprendemos de aquí es que la base para ser una persona santa es el control de nuestros deseos. A diferencia de otras religiones, el judaísmo no le teme a los “deseos”. No los considera malos intrínsicamente. Ellos son parte de una vida humana saludable, y el deseo sexual en específico es de hecho un prerrequisito para la existencia humana.

No obstante, si una persona no logra controlar sus deseos, éstos acabarán con él. Una experiencia sexual puede ser placentera y significativa, pero la inmoralidad sexual puede ser por el contrario enfermiza, destructiva y puede terminar dominando la vida de la persona.

Lo mismo ocurre con todos los deseos. Si controlas tus hábitos alimenticios estarás sano, fuerte y delgado. Si das rienda suelta a tus deseos, estos te harán obeso y socavarán tu salud y autoestima. Duerme el tiempo necesario y te sentirás fuerte y con energía. Si permites que tu deseo de dormir te controle, perderás grandes cantidades de tiempo y estarás letárgico aún cuando estés despierto. Da lugar a una ambición por el dinero que sea limitada y con sentido, y serás conducido al éxito. Deja que el dinero mande, y te tornarás insensible, egoísta y terminarás poniendo en riesgo tus valores morales.

Los deseos necesitan ser controlados; sólo debes comer cierto tipo de alimentos, dice la Torá. Deja siempre algo de comida en tu plato como método de autodisciplina, aconsejan los sabios. Mantén relaciones sexuales sólo dentro de una relación matrimonial, e incluso entonces mantenlas sólo en determinados momentos del mes. Acuéstate temprano y levántate temprano. Aprende a sentirte satisfecho con una existencia simple de forma tal que el dinero sea puesto en perspectiva.

La Torá está llena de leyes que fueron diseñadas, al menos en parte, para limitar nuestros deseos. ¿Cuál es el propósito? Aquel que controla sus deseos puede elevarse hacia la santidad. Y aquel que no lo logra se encaminará hacia una vida de inmoralidades.

La opción que se presenta en esta parashá es rígida: puedes elegir el autocontrol inherente y la santidad de Iom Kipur, o bien puedes elegir la inmoralidad de las relaciones sexuales ilícitas. No existe un punto intermedio. En todo momento, o nos estamos moviendo hacia un extremo… o hacia el otro.