En esta parashá, aparece el precepto más conocido de la Torá: “Ama a tu prójimo como a ti mismo”.

Sin embargo, si lo analizamos más profundamente, surge una pregunta: ¿Cómo es posible que se nos obligue a amar a alguien? Se nos puede exigir determinada acción, pero ¡de seguro no se nos puede exigir tener determinada emoción! Todo sistema de leyes exige de las personas que actúen de cierto modo. No existe ninguno, excepto la Torá, que demande que las personas se sientan de un determinado modo.

Puedes ser un judío observante: comes sólo casher, rezas tres veces al día e incluso usas un sombrero negro – pero si no sientes amor al encontrarte con tu prójimo en la calle, te está faltando algo. No es suficiente con simplemente “no odiar”. Tampoco alcanza con ser agradable y estar dispuesto a ayudar siempre. La ambivalencia disfrazada en sutilezas no es lo que se requiere de nosotros. Lo que debemos sentir es amor.

Cierta vez tuve el privilegio de reunirme con Rav Shlomo Zalman Auerbach zt’’l, quien fuera considerado como uno de los más grandes rabinos de nuestra generación. Al entrar en su estudio sentí inmediatamente su presencia. Cuando llegó mi turno, extendí mi mano para saludarlo y lo miré a los ojos. No pude creer lo que vi. Sentí la misma sensación de amor que siento de mis padres. La calidez que emanaba de él era algo que raramente había sentido en mi vida. Estoy seguro de que él sentía mayor amor por mí que muchos de mis amigos más íntimos.

Él no me conocía; nunca nos habíamos visto y a pesar de ello, me amaba. Eso es lo que demanda la Torá de nosotros.

Si Rav Auerbach zt’’l me hubiera invitado a cenar a su casa todos los días de la semana, me hubiera enviado un montón de regalos y me hubiera dicho que soy bienvenido en su casa siempre que quisiera – pero por alguna razón no hubiera sentido que él me amaba – no hubiera salido de su casa con aquella sensación de regocijo con la que salí. No hay mayor regalo que el amor. Cuando la gente se siente amada, su autovaloración aumenta, se sienten elevados y capaces de hacer cosas. Cuando perciben que los queremos ayudar porque estamos obligados a hacerlo, estarán, como mucho, agradecidos. Amar es dar del modo más completo.

Y esto nos devuelve a nuestra pregunta inicial: ¿Cómo es posible que la Torá nos exija que sintamos amor? Estoy seguro que Rav Auerbach zt’’l lo hacía, lo cual significa que sí es posible. ¿Pero cómo? ¿Cómo logras amar a alguien que no conoces? ¿Cuál es el secreto?

Para responder esta pregunta, sugiero que lean la clase de Rav Weinberg zt’’l acerca del amor, la cual pueden encontrar acá mismo.