La parashá de esta semana contiene una ley que, superficialmente, es difícil de entender: si un soldado siente pasión por una mujer en el medio de la guerra, él no puede seducirla. (Hasta ahora vamos bien). En vez de eso, debe llevarla a casa, afeitar su cabello, esperar 30 días... ¡y entonces puede seducirla! (Deuteronomio 21:10-14).

Nuestros sabios explican: la Torá no está sancionando la promiscuidad. La Torá entiende la naturaleza humana y nos está dando leyes para ayudarnos a controlarla.

En el calor y pasión de la batalla, es difícil estar en control de uno mismo. La balas vuelan por doquier; las hormonas están revoloteando por el cuerpo en niveles más allá de lo natural; los valores se vuelven confusos. Y, de repente, un soldado se encuentra con una hermosa mujer...

La Torá reconoce que si dijese directamente que está prohibida, el desafío sería demasiado difícil de superar para la mayoría. En lugar de eso, le da al soldado una forma de controlarse a sí mismo. Ella no está totalmente prohibida; tan sólo debes esperar 30 días. De esta forma, el soldado no se ve enfrentado a un desafío de pasión versus valores. Él puede tener ambas cosas; todo lo que tiene que hacer es esperar.

Puede que de todas formas no supere la prueba, pero claramente el desafío será mucho más fácil. Y, obviamente, está casi garantizado que al final de los 30 días, con la cabeza rasurada de ella y el campo de batalla habiendo quedado atrás, su pasión habrá disminuido y él reconocerá que esa no es la forma de tratar a otro ser humano.

Vemos de aquí que en lugar de enfrentar los deseos indeseados de forma directa, generalmente hace más sentido eludirlos por un costado.

Comencemos con el corolario. Tu alarma suena a las 7 a.m. Una parte de ti dice que es hora de levantarse. Otra parte de ti dice que mejor podrías dormir hasta las 10, hasta las 11 o incluso hasta las 12. Esta última parte sabe, sin embargo, que no saldrá victoriosa de una confrontación directa. Entonces, ¿qué es lo que te dice? Presiona las más malvada de todas las invenciones – el botón “snooze” de la alarma. Antes de que te des cuentas, en intervalos de 10 minutos, ¡habrán pasado 3 horas!

Manejar sabiamente los deseos no deseados – de la misma manera en que ellos nos manejan sabiamente a nosotros – es la clave para vencerlos. Acá tienes algunos ejemplos prácticos:

Estás realmente enojado con alguien y quieres gritarle. Entonces, dite a ti mismo que vas a gritarle y que lo vas a arrojar por la puerta. Imagínalo; fantasea sobre ello; permite que tu boca babee esperando el momento. Sólo hay una condición – debes hacerlo mañana. Y mañana, te garantizo, la pasión se habrá disipado y tú podrás tomar una decisión más objetiva. Quizás la persona sí necesita que la regañen – pero lo vas a hacer de una forma mucho más sana y efectiva.

O si tu familia te necesita inmediatamente, pero están transmitiendo tu partido favorito por la televisión. En lugar de tomar una decisión entre la familia y el fútbol – una decisión que es demasiado desafiante para algunas personas – haz ambas. Pasa la primera parte del tiempo con tu familia, y ve la segunda parte del partido. Evitarás la confrontación directa, ¡y quizás incluso querrás saltarte también la segunda mitad!

El principio que nos está enseñando la Torá es sumamente importante: no suprimas tus deseos; mejor, trabaja con ellos. Enfrenta directamente tus deseos y probablemente serás derrotado. Cede y tus probabilidades de ganar serán mucho mayores. No está garantizado – porque siempre tendrás libre albedrío – pero aumentarán significativamente las probabilidades de que salgas victorioso.