Esta parashá trata acerca de la tierra y su dueño, lo cual me recuerda una hermosa historia:

Dos judíos muy adinerados vivían en una ciudad al este de Europa. Ellos eran grandes amigos, hasta que un día entraron en una disputa por una pequeña parcela de tierra. Cada uno sentía que la tierra le pertenecía a él, y gradualmente este asunto terminó por separarlos.

Para hombres tan adinerados como ellos, era un pedazo de tierra insignificante, pero de todas formas cada uno insistía en que le pertenecía y el desacuerdo se tornó cada vez más desagradable. Luego de un tiempo ya no se hablaban y eventualmente se convirtieron en enemigos.

Pese a que ninguno deseaba hacerlo, los miembros de la comunidad los convencieron de que se dirigieran a un rabino para que resolviera su disputa. Cada uno presentó su caso ante el rabino, y éste los escuchó atentamente.

El rabino preguntó si podía ir a ver la tierra en cuestión. Cuando llegaron, era evidente que la tierra no tenía valor alguno en relación al patrimonio de ellos. El rabino dijo que él no podía decidir quién tenía razón, y que en un caso como este, lo mejor que podían hacer era preguntarle a la tierra misma. Ambos pensaron que el rabino estaba loco cuando lo vieron colocar su oreja sobre la tierra y escuchar atentamente; luego, el rabino se levantó al tiempo que asentía con la cabeza.

“La tierra ha resuelto este conflicto por nosotros”, explicó. Ambos estaban ansiosos por escuchar. “La tierra me dijo”, prosiguió el rabino, “que tú piensas que te pertenece a ti y tú piensas que te pertenece a ti. Pero, sin embargo, la verdad es que un día ustedes dos le pertenecerán a ella”.

Ver las cosas en perspectiva es muy importante en la vida. Podemos fácilmente ser arrastrados por una marea de mezquindad y perder el sentido de nuestras prioridades. La tierra nunca es más importante que la amistad, del mismo modo que el dinero nunca es más importante que la pareja, o que el trabajo no es nunca más importante que los hijos. Es un pensamiento muy aleccionador pensar que algún día todos le perteneceremos a la tierra. Con esto en mente, pregúntate a ti mismo si todas esas cosas que te están preocupando en este momento son realmente importantes. Los negocios no van del todo bien, tu casa se está viniendo abajo, la gente no te respeta. ¿Acaso alguna de estas cosas importarán dentro de 5 o 50 años? La vida es demasiado preciosa y fugaz como para perderla en mezquindades.